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  AvióndePapel

Octubre de 2000

Revista Cultural de Curiosidad Gratuita

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Aviadores

Gabriel García Márquez

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La ortografía ante un porvenir sin fronteras

"Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver"
Con estas palabras tan provocadoras  finalizaba Gabriel García Márquez su Discurso de Zacatecas llamado "Botellas al mar para el Dios de las Palabras"
En él, el escritor colombiano se preguntaba por qué optar por "nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una". "La lengua española tiene que prepararse para un oficio grande en ese porvenir sin fronteras", predice García Márquez
"No por su prepotencia económica, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión", afrima este aviador. La contribución no debería ser meter en cintura a la lengua española, sino al contrario, "liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo veintiuno como Pedro por su casa".
.Por ello, el creador de Cien Años de Soledad sugiere que simplifiquemos la gramática, "antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros".
Recomienda que humanicemos las leyes gramaticales, que aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos; que asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir
Aconseja que negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los qués endémicos, el dequeísmo parasitario, y que devuélvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos.
Estas son "las preguntas al azar" de este Gran Aviador, preguntas como botellas arrojadas a la mar, para que, como él mismo dijo, "lleguen al dios de las palabras".
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