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El 14 de junio de 1986 murió
Jorge Luis Borges. En su XX aniversario, su viuda, María Kodama,
habla de la obra literaria y de la vida en común que mantuvo con
el escritor argentino. Kodama hace un recorrido multidisciplinar
por esos caminos borgesianos, que también se bifurcaron
hacia la filosofía o la ciencia.
PREGUNTA: ¿Cuáles eran
las obsesiones de Borges?
RESPUESTA:
No son obsesiones. El tiempo, la vida, el amor, la muerte... son
temas esencialmente literarios, desde Virgilio hasta Homero.
Borges los trataba como preocupaciones filosóficas: nada más.
Son iconos de su personalidad. Algunos críticos lo quieren
presentar como una persona obsesionada. Sin embargo, Borges no
tiene ninguna obsesión. Una persona como él, objetiva, lúcida y
con tal sentido de la crítica no puede ser obsesiva. La obsesión
es una pasión que envuelve y enceguece. Y él era exactamente lo
contrario. Yo lo conocí con 16 años y nunca vi a nadie que
disfrutara tanto de la vida.
PREGUNTA: ¿Es Borges un
escritor difícil de leer?
RESPUESTA:
No. La gente parte con ese prejuicio. Pero si un lector se deja
llevar, si tiene la sensibilidad para la palabra, y comienza a
leer su obra, aunque no entienda nada, disfrutará, como me pasaba
a mí cuando era muy chica. El error es de quien elige los
textos para los estudiantes. Evidentemente, si a un chico
-sobre todo en esta época en el que el 80% de los adolescentes no
leen nada y piensan que todo está en Internet- le dan como
primera lectura Las Ruinas Circulares, seguramente no
entenderá nada. No está preparado como lector. Pero hay otros
textos de Borges -El cautivo, El Muerto- que, a los
13 años, sí se asimilan con facilidad y entusiasman.
P: ¿Cómo era la
rutina de escritor de Borges?
R: No
tenía ninguna. Por eso creó, lo que creó. Una vez un
joven le dijo: "Maestro, no sé qué hacer. Me siento y me
enfrento a la página en blanco y no se me ocurre nada".
Borges le contestó: "Mire, yo le diría que antes de
bloquearse, espere en que su cerebro se le ocurra algo que
contar". Borges, por ejemplo, tenía la dicha de poder
recordar lo que soñaba y luego discernía si le podía servir
para un cuento o un poema.
P:
¿Sufrió usted, también como escritora, esas dos soledades
creativas: la suya y la de Borges?
R: No. Era
perfectamente compatible. Porque yo soy una persona muy callada.
Me gusta la soledad, quizás por mi origen japonés. Cuando él
estaba pensando, ni le interrumpía ni le molestaba. Tampoco él
me invadía. Para que una relación de amor sea duradera y
maravillosa, la base es el respeto por la identidad.
P: Entonces, como buen
lector, ¿Borges era una persona solitaria?
R: A él
le gustaba estar solo, que no es lo mismo que ser solitario. Borges
tenía un feroz sentido de su intimidad. Era una persona que
le gustaba la sociabilidad, pero no la de los cócteles
P: ¿Cómo afrontaba
Borges la escritura antes de morir?
R: Cuando
pierde la vista en los años 50, le dictaba a su madre sus ideas
literarias. Después me las dictaba a mí. Luego, corregía
continuamente. Incluso cuando los textos estaban publicados. Como
él decía: "Su obra nunca era definitiva".
P: ¿A Borges no le
concedieron el Nobel de Literatura por motivos políticos?
R: Supongo
que sí. Como él decía: "A lo mejor es que a la Academia no
le gusta lo que escribo". El Nobel no le importaba demasiado.
Él consideraba este premio, no como consagración, sino de
descubrimiento.
P: ¿Por qué murió
Borges en Ginebra y no en Buenos Aires?
R: Durante
su adolescencia, Borges vivió en Suiza. Adoraba todo lo que
representaba Ginebra: la libertad; es decir la posibilidad de que
personas de distintas lenguas y religiones convivieran en un país
ultradesarrollado. Adoraba, por ejemplo, que en Suiza nadie
conociera el nombre de su presidente.
P: ¿Quería evitar
también que su muerte fuera un espectáculo?
R: Sí, también
influyó. Quedó muy impresionado cuando publicaron las fotos en
fase terminal del eterno candidato a presidente de Argentina,
Ricardo Balbín, entubado. Había posters por todo Buenos Aires.
Fue terrible. Cuando supo que iba a morir, me dijo:
"Ni una palabra. Hacemos la gira por Italia". Luego,
viajamos a Suiza.
P: ¿Estaba escribiendo
Borges la tercera parte del Quijote antes de
fallecer?
R: Eso es
un disparate. Son falsedades que se publican en Internet. Yo nunca
dije eso. Antes de su muerte, Borges dejó escrito el borrador
de un guión cinematográfico que le habían encargado para salvar
a Venecia, una ciudad laberíntica que él amaba.
P: ¿Cuál era el
relato borgesiano preferido de Borges?
R: Él cambiaba
de opinión. No tenía uno favorito. Cuando le preguntaban, decía
El Muerto; luego, nombraba Ulrika (el cuento que
secretamente me dedicó).
P: ¿Y para María Kodama?
R:
Nombraré Las Ruinas Circulares. Él me decía que no, que
le parecía muy barroco. Yo le contestaba que con otro estilo, ese
cuento no es nada (risas).
P: ¿Qué tiempo le queda
a María Kodama para escribir su propia obra literaria?
R: Escribo en los
aviones. En los viajes transoceánicos a Buenos Aires. Ya sea
literatura o conferencias.
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