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AvióndePapel |
Agosto de 2001 |
Revista Cultural de Curiosidad Gratuita |
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Vuelo con perspectiva |
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El Triángulo de las Bermudas, narrar en
primera, segunda o tercera persona
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Por David González |
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Los pilotos noveles se sientan en la cabina del aeroplano y despegan desde la perspectiva
más cómoda a su forma de narrar. Sin embargo, muchas veces habrá que adentrarse en el
triángulo de las Bermudas (yo, tú, el) y elegir uno de los vértices.
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Los vuelos literarios los emprende un escritor, que de la mano de un narrador, cuenta la
historia de un personaje a un lector. El punto de vista de la narración es uno de los
aspectos clave. ¿Quién cuenta?
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Contamos siempre desde una perspectiva. El punto de vista del narrador sustituye, como
excusa literaria, al escritor. El pronombre (yo, tú, él), en español, se puede
suprimir. La propia conjugación del verbo nos remite al sujeto. La tercera persona puede
sustituirse por cualquier sustantivo, cosa o animal, mientras que la primera y la segunda
persona expresan un diálogo humano.
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Vuelos en primera persona
La ventaja del "yo" radica en que convenzo al lector por mi
verosimilitud. Mi fuerza radica en el grado de intimidad que expreso. Con el uso de la
primera persona gramatical, indico que fui testigo de lo acaecido.
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Narraciones en tercera
persona.
La tercera persona cuenta desde fuera la acción, mediante un narrador oculto y
sabelotodo. El autor impone su autoridad. Él conoce tanto la acción como las sensaciones
y pensamientos del personaje. |
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Narraciones en segunda persona.
La segunda persona te cuenta una historia en forma de diálogo entre dos, pero en el que
sólo te habla uno. Con el tú, provocas empatía entre el lector y el protagonista. En un
primer momento, sobresaltas al lector, porque éste se siente aludido y acusado.
Sólo después, le adviertes que no era a él a quien hablabas, sino al protagonista.
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La diferencia principal para clasificar
los tipos de narradores proviene del hecho de que éstos participen (o no) como
protagonistas de la acción. Narrar en primera persona implica que el narrador es
uno de los personajes. El punto de vista elegido tiene una función dentro del
relato y la elección será clave para finalizar la historia.
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Como ejercicio, un ejemplo.
Escribiremos de nuevo, en segunda y en primera persona, "El eclipse"
de Augusto
Monterroso. para ver el efecto del cambio.
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"Cuando fray Bartolomé
Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de
Guatemala lo había apresado, implacable, definitiva. Ante su ignorancia topográfica se
sentó con tranquilidad a esperar la muerte. (...) Al despertar se encontró rodeado por
un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo".
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Si lo comienzo en primera, veo que el cuento carece de consistencia, porque el personaje,
al final, muere. Si lo narras en segunda, como lector te preguntas por qué el narrador no
evitó el desenlace. Con este ejemplo, tenemos la respuesta.
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El porqué de la tercera persona elegida por el escritor guatemalteco para eclipsarnos.
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Sigue volando |
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