AvióndePapel

Junio de 2001

Revista Cultural de Curiosidad Gratuita

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Vuelos
Literarios

Vuelo para superar la terrible amplitud del papel en blanco

¿Qué hacer cuando el cuadro de mandos
marca niveles mínimos de imaginación?

El consejo:
Gustave Flaubert
recomendaba desconfiar de esa especie de vena llamada inspiración. Hay que escribir fríamente, decía, y eludir esos bailes de disfraces de la imaginación porque de ellos se regresa sofocado y no habiendo  escrito más que tonterías.


El aviador novato entra en la cabina de su aeroplano con un equipaje vacío de inspiración. ¿Qué hacer cuando el cuadro de mandos marca niveles mínimos de imaginación?



Los pilotos noveles esperan y desesperan. Las nubes de tormenta nublan la imaginación. Los aviadores expertos como Gabriel García Márquez aseguraban que siempre "hay que mantener la mano caliente" para evitar la frustración que representa enfrentarse a un papel en blanco.


Los instructores de vuelo recomiendan varios trucos para eludir este apagón imaginativo. Tres simples ejercicios pueden ayudar a los que sobrevuelan por primera vez la creación literaria.


El primero consiste en ejercitarse con cinco palabras. El segundo, continuar las líneas de un relato ya escrito. El tercero, leer entre líneas las páginas de los periódicos y sobrevolar con una historia de mentiras sobre las verdades allí publicadas.


Cualquier bloqueo ante un folio en blanco puede superarse con este sencillo ejercicio de imaginación. Cojamos un diccionario y seleccionemos al azar cinco palabras:

Tortilla, almacén, descuidar, fregona, ladrón.

El aviador escribirá, entonces, tres o cuatro párrafos que hilvanen una breve historia. Párrafos que nos permitirán volar sobre un texto apenas original, pero que puede ser el comienzo de una fiebre imaginativa para próximos relatos a bordo de nuestro aeroplano.


La segunda recomendación será continuar un cuento o un relato de un aviador consagrado. Tomemos por ejemplo el comienzo de "Requiem con tostadas" de Mario Benedetti:

"Sí, me llamo Eduardo. Usted me lo pregunta para entrar de algún modo en conversación, y eso puedo entenderlo. Pero usted hace mucho que me conoce, pero de lejos".

Ya tenemos una excusa para calentar motores, ya poseemos el principio de nuestro vuelo. Escribamos lo que creemos podrá suceder luego; avancemos en la historia; lleguemos a un desenlace, sólo como simple tabla de gimnasia previa a lo que será nuestro despegue propio.


Limpiemos el cristal de la cabina de plagios y volvamos a retomar el rumbo, pero sin aportaciones ajenas.


El último recurso es diseccionar las páginas de sucesos de los periódicos. Cualquier hecho real supera a la ficción. Cualquier suceso publicado puede dar pie a renovar nuestro depósito del combustible llamado imaginación. Un asesinato, una desaparición, una tragedia en la sección de sucesos de nuestro periódico favorito puede encender el interruptor de nuestro cuadro de mandos.


¿Por qué lo hizo? ¿Cómo pudo hacerlo? ¿Qué circunstancias afectaron la persona que sale en los titulares periodísticos?

Avanzar, abandonarse a los criterios de la imaginación, pero con disciplina, con tesón, con rutina.


La imaginación es la materia prima de todo aviador novato, la inspiración su combustible, el oficio de corrección su ángel de la guarda de los próximos vuelos.

 

Superar el papel en blanco con estos tres ejercicios de disciplina alimentan la experimentación y, tal vez, no prometerán grandes viajes literarios... ¿o, quizás, sí?

Sigue volando

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