Al piloto novel le entra vértigo de mirar hacia la literatura visual desde lo alto de la
cabina, tanto que no cuenta su historia, sino que la explica y la llena de reflexiones,
sin mostrar en una escena las manías del personaje, sus obsesiones, su entorno.
Los vuelos previos están
sobrecargados de verbos sin contenido, en lugar de verbos de acción; los primeros
párrafos deben llenarse de objetos y colores, de acciones y detalles peculiares que hagan
que el lector sobrevuele la ficción contada.
Tal y como lo narra la
metáfora de Michael Ende en "Una historia interminable", donde su protagonista
era absorbido por el libro mientras leía. Así deberían ser los textos literarios, así
tiene que sentirse el lector: entusiasmado por la lectura, con el piloto automático
puesto y volando ante el placer de la ficción.
La literatura es un arte
dirigido al sentido de la vista para evocar mediante palabras lo que no se escucha, lo que
no se huele, lo que no se saborea. El discurso visual atrapa con palabras, entra por los
ojos y se derrama por el resto de sentidos.
"Mientras cose, una
madre descubre que su hijo ha madurado". Esta reflexión no es literatura. Todos los
manuales de futuros aviadores recogen una escena de "Cien años de Soledad" de Gabriel García Márquez,
quien muestra -no explica- cómo una madre descubre un día cómo su hijo abandona la
pubertad. El escritor colombiano nos regala este fragmento mágico lleno de objetos,
acciones y sensaciones:
Sentada en el mecedor de
mimbre, con la labor interrumpida en el regazo, Amaranta contemplaba a
Aureliano José con el mentón embadurnado de espuma, afilando la navaja barbera
en la penca para afeitarse por primera vez. Se sangró las espinillas, se cortó
el labio superior tratando de modelarse un bigote de pelusas rubias, y
después de todo aquello quedó igual que antes, pero el laborioso proceso le dejó a
Amaranta la impresión de que en aquel instante había empezado a envejecer: -Eres
idéntico a Aureliano cuando tenía tu edad -dijo-. Ya eres un hombre.
Las personas estamos
acostumbradas a la imagen, porque se acerca y asemeja a la realidad y porque apenas exige
contarla. Sin embargo, las palabras se asocian a los objetos tangibles que designan y por
su ambigüedad, o por su contenido abstracto, no siempre muestran la realidad concreta a
la que está acostumbrado el lector.
El cuento resuelve con
palabras este problema, dado que de manera breve crea una ecuación literaria perpetua: a
menor extensión mayor intensidad.
Julio Cortázar
dedicó a Antoni Tàpies un cuento llamado Graffiti en el que el autor argentino
muestra la desesperación y angustia de su personaje ahogado en ginebra. Cómo lo cuenta y
con tal brevedad es uno de los regalos de la literatura:
Volviste al alba,
después de que las patrullas ralearon en su sordo drenaje, y en el resto de la puerta
dibujaste un rápido paisaje con velas y tamajales; de no mirarlo bien se hubiera dicho un
juego de líneas al azar, pero ella sabría mirarlo. Esa noche escapaste por poco de una
pareja de policías, en tu departamento bebiste ginebra tras ginebra y le hablaste, le
dijiste todo lo que te venía a la boca con otro dibujo sonoro, otro puerto con velas,
la imaginaste morena y silenciosa, le elegiste labios y senos, la quisiste un poco.
Grafitti, en
Queremos tanto a Glenda de Julio Cortázar.
Así es, la estrechez de
las ficciones crea intensidad en la historia narrada, y si no, no hay más que recordar
aquellos cuentos maternales antes de acostarnos en los que parecía que estuviéramos
viviendo las andanzas de Caperucita Roja y del Lobo Feroz, del Gato con Botas y del
marqués de Carabás.
Esta es una de las
grandes herramientas del oficio de aviador, sobrevolar la literatura con una buena
visibilidad de palabra: personajes y lugares llenos de detalles peculiares, pequeñas
acciones en menoscabo de las reflexiones, objetos cromáticos y palpables, párrafos
llenos de olores y sabores.
Después de un vuelo
previo, el buen aviador revisa sus textos con la ilusión de atrapar al lector en una
imagen evocadora, sin la necesidad de mil palabras, de mil reflexiones. Con la certeza de
pilotar con visibilidad.
Sigue Volando |