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La creación literaria la adquirimos de
forma intuitiva y, por tanto, es muy dificultosa de enseñar. Bioy Casares
decía que no existen recetas para escribir, que sólo existen aquéllas que evitan
ciertos errores. Como
aviadores, podríamos elegir una hoja de tamaño DIN-A3 como materia prima para construir
nuestros sueños aeronáuticos, y luego volar solos, pero optaremos primero por un bimotor
-el cuento como género literario-, apenas una pequeña avioneta de papel con la que
sobrevolar a vuela pluma por los recursos literarios.
En una ocasión, García Márquez
dijo que el esfuerzo de escribir un cuento es tan intenso como empezar una novela, porque,
en la novela, hay que definirlo todo desde el primer párrafo; en cambio, el cuento no
tiene principio ni final, o fragua o no fragua.
Por ello, las instrucciones de vuelo
serán sencillas, tal como coger un folio en blanco y doblarlo por la esquina superior
derecha hasta la línea imaginaria vertical que divide a la mitad el papel; conseguiremos
entonces un pliegue en forma de triángulo equilátero para lo que realizaremos la misma
operación con la esquina superior izquierda: ya tenemos la cabina del piloto.
Juntaremos las dos esquinas inferiores
por esa línea imaginaria vertical que divide al avión en dos. Ya tenemos el
fuselaje y sólo nos resta perfilar las alas. El resto serán adornos de
papiroflexia un alerón de cola, un nombre de mujer en el fuselaje, un fular y una
chaqueta de aviador. Antes de que llenemos de vaho la punta del avión y al lanzarlo
con fuerza disfrutemos de cómo volando, volando y volando el aparato entra en barrena.
Con precaución no nos olvidaremos de
abrocharnos el cinturón de seguridad que es la lectura, porque tanto (o
quizás más) aprenderemos del quehacer de los maestros papirofléxicos y de los astutos
aviadores como de los aterrizajes forzosos de nuestros propios aeroplanos.
La lectura, como actividad
intelectual, constituye el mejor aprendizaje para forjar el oficio del escritor, por lo
que, acompañado de cada técnica de escritura, mostraremos con ejemplos cómo la mano de
algunos escritores convirtieron la imaginación en un ligero avión de papel.
Despeguemos... |