AvióndePapel

Febrero de 2000

Revista Cultural de Curiosidad Gratuita

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Vuelos Literarios

Vuelo en Tierra

 

Primer Vuelo

David Glez.


Cómo explicar con palabras algo tan sencillo de hacer como un avión de papel. Cómo enseñar a transformar paso a paso un folio en blanco en una nave voladora. Tener las manos en los mandos y no poder gesticular para explicar cómo hacerlo y, sin embargo, es tan sencillo verlo volar después.


La creación literaria la adquirimos de forma intuitiva y, por tanto, es muy dificultosa de enseñar. Bioy Casares decía que no existen recetas para escribir, que sólo existen aquéllas que evitan ciertos errores. 

Como aviadores, podríamos elegir una hoja de tamaño DIN-A3 como materia prima para construir nuestros sueños aeronáuticos, y luego volar solos, pero optaremos primero por un bimotor -el cuento como género literario-, apenas una pequeña avioneta de papel con la que sobrevolar a vuela pluma por los recursos literarios. 

En una ocasión, García Márquez dijo que el esfuerzo de escribir un cuento es tan intenso como empezar una novela, porque, en la novela, hay que definirlo todo desde el primer párrafo; en cambio, el cuento no tiene principio ni final, o fragua o no fragua.

Por ello, las instrucciones de vuelo serán sencillas, tal como coger un folio en blanco y doblarlo por la esquina superior derecha hasta la línea imaginaria vertical que divide a la mitad el papel; conseguiremos entonces un pliegue en forma de triángulo equilátero para lo que realizaremos la misma operación con la esquina superior izquierda: ya tenemos la cabina del piloto. 

Juntaremos las dos esquinas inferiores por esa línea imaginaria vertical que divide al avión en dos. Ya  tenemos el fuselaje y sólo nos resta perfilar las alas.  El resto serán adornos de papiroflexia —un alerón de cola, un nombre de mujer en el fuselaje, un fular y una chaqueta de aviador—. Antes de que llenemos de vaho la punta del avión y al lanzarlo con fuerza disfrutemos de cómo volando, volando y volando el aparato entra en barrena.  

Con precaución no nos olvidaremos de abrocharnos el cinturón de seguridad —que es la lectura—, porque tanto (o quizás más) aprenderemos del quehacer de los maestros papirofléxicos y de los astutos aviadores como de los aterrizajes forzosos de nuestros propios aeroplanos. 

La lectura, como actividad intelectual, constituye el mejor aprendizaje para forjar el oficio del escritor, por lo que, acompañado de cada técnica de escritura, mostraremos con ejemplos cómo la mano de algunos escritores convirtieron la imaginación en un ligero avión de papel. 

Despeguemos...

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