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AvióndePapel |
Diciembre
de 2002 |
Revista Cultural de Curiosidad Literaria |
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Vuelos |
Vuelo
hacia otros universos |
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El
binomio fantástico: dos palabras, un mundo |
Por Luis Torres |
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El encuentro de ese lugar donde transcurre nuestra ficción se puede
conseguir mediante dos palabras dispares, unidas con la imaginación,
para conformar un universo literario. Éste es el reto lanzado por el
italiano Gianni Rodari a los aviadores con pocas horas
de vuelo y que se encuentren bloqueados y angustiados frente a un
papel en blanco.
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En uno de los capítulos de Gramática
de la Fantasía, Introducción al Arte de Contar Historias,
el autor italiano describía el binomio fantástico, un simple
ejercicio para fomentar el caudal imaginativo del escritor.
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La técnica descrita comienza tal que así: abrir un diccionario,
elegir al azar dos palabras sin ninguna relación lógica
en su significado (patata y lápiz, tubería y nube,...) y combinarlas
hasta crear un contexto lleno de fantasía.
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"Hemos
visto nacer el tema fantástico a través de una palabra (...), pero
para provocar una chispa, no basta con un sólo polo eléctrico, debe
haber dos. Una palabra sola actúa cuando encuentra otra que la
provoca, que la obliga a salir de su camino habitual y descubrir su
capacidad de crear nuevos significados", explica Rodari en su
libro.
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Los
aviadores que se adentren en este ejercicio imaginativo deben evitar
las parejas de palabras con universos comunes, deben eludir lo que
Rodari llamó el binomio lógico, como, por ejemplo, caballo /
jinete y también la contraposición, como bueno / malo. En
cambio, la búsqueda trata de encontrar la combinación de vocablos
alejados de su propio contexto. El aviador los unirá, entonces, en un
imaginativo y extraño parentesco que los permita convivir.
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Un
truco muy útil es anexionar ambas palabras con preposiciones
o verbos de acción y luego incorporar una situación o
una escena casi cotidiana con la que su mezcla parezca natural.
Cuanto más contraste semántico posean los dos conceptos y menor carga
abstracta, más fuerza e intensidad tendrá el relato.
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Gabriel
García Márquez alumbró uno de los binomios más fantásticos
de la literatura latinoamericana con el que comenzó su novela cumbre, Cien
Años de Soledad.
En el primer párrafo, el autor colombiano contrapone dos conceptos
carentes de significados colindantes:
un pelotón
de fusilamiento y
un bloque
de hielo:
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"Muchos
años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel
Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su
padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo
era entonces una aldea...
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Su
fusión sirve como puerta de entrada a un universo maravilloso, un lugar
real, aunque mágico, llamado Macondo, donde todo era tan reciente que
las cosas no tenían nombre y había que señalarlas con el dedo.
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