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Blog El Hueco del Viernes

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Aviondepapel.com
ISSN 1698 - 4463
Año VIII - Nº 72 Enero 2007
Proyecto de David González T.

VUELOS [ Técnicas de creación literaria]

Érase una acción, en un tiempo y un lugar

Por David González T.

Estas son las tres unidades clave de un cuento breve: ha de ocurrirle al personaje un suceso insólito que se expanda (acción) durante un tiempo determinado y en algún lugar especial. 

Los cuentistas saben que el argumento de cualquier historia de ficción no se forja en una anécdota, sino que dicha anécdota explota en una serie de acciones por parte del protagonista. La lectura avanza y el personaje va desde una circunstancia inicial hasta la resolución de un conflicto (planteamiento, nudo y desenlace).

Esta serie de acciones son la cadena de sucesos, en orden temporal, que despiertan la atención del lector. Entramos, por tanto, en la segunda unidad básica del relato: el tiempo. 

Según muchos autores, los relatos cortos deben condensar en pocas líneas palabras e imágenes que provoquen la ilusión en el lector del paso del tiempo. ¿Cuándo sucede la historia?¿Por qué está contada en pasado y no en presente? ¿Por qué se mezcla pasado, presente y futuro?

Normalmente, los cuentos breves se ubican en mínimas unidades de tiempo -días, semanas o meses-, unidades que podrían ir creciendo según aumente la extensión de los textos literarios.

El tiempo no sólo trata de remarcar cronológicamente la trama, sino que, además, convive con los denominados tiempos colaterales. En las ficciones, los personajes tienen sentimientos, se paran en ensoñaciones que muestran su pasado al lector (antecedentes), sienten y se imaginan un porvenir (deseos y predicciones). Pero todo ello, ocurre en algún lugar físico, que crea una atmósfera. Nos deslizamos hacia la tercera unidad del cuento.

Aquí, la historia debe indicar dónde se están produciendo los hechos de nuestras ficciones: en una playa, en un castillo, en una cafetería... Pero ese escenario debe estar dotado de singularidad para que el lector entre en él de la mano de las sensaciones que le causa al personaje: ¿Qué evocaciones le trae ese armario? ¿Qué olor desprende esa calle?

Hay que recordar que los lugares no sólo captan nuestra atención por ser sitios desconocidos (o conocidos vistos desde otra perspectiva), sino que cualquier escenario genera en nosotros sentimientos. Y un lugar asociado a ciertas emociones (alegría, tristeza, melancolía...) se convierte entonces en un lugar simbólico.

Decía Bioy Casares que, cuando se ajustan la acción, el tiempo y el lugar, estas unidades dan al cuento breve comprensión, tensión e intensidad.

Conviene, por consiguiente, que la historia transcurra en el menor tiempo posible; conviene evitar que los cambios de lugar provoquen pérdida de fuerza en la trama, porque la acción central del personaje, en esos casos, se dispersa.

 

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