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ISSN 1698 - 4463
Enero 2002
Proyecto de David González T.
Por David González Torres
La sinestesia es un procedimiento literario que secuestra los rasgos sensoriales de los cinco sentidos para implantarlo literariamente en otro, mediante asociaciones mentales. El olfato, el tacto, la vista o el oído mezclan sus dimensiones.
¿Huele la rugosidad de una tela? ¿Qué sonido tiene el agua? ¿Puede golpearte la luz? ¿A qué sabe el viento? ¿De qué color es la música?
Los ejemplos de sinestesia literaria más utilizados parten de mezcolanzas entre los colores (vista) y los sonidos (oído). En un poema, Rubén Darío narra que la "risa" es de "oro".
La sinestesia es un recurso más presente en la poesía que en la prosa, aunque en este último género puede utilizarse para enfatizar una escena, para amplificar las sensaciones de un personaje o incluso para aportar continuidad o discontinuidad al relato.
Por ejemplo, en un concierto, el auditorio puede estar enmoquetado de rojo y los tapices del teatro decorados de este mismo color. Cuando el pianista comienza a tocar, un personaje del público puede asociar el color rojo a la música interpretada. Esta mezcla de melodía y cromatismo puede enfatizar la escena y crear un sensación múltiple en el lector.
La sinestesia, como materia de investigación sicológica, posteriormente, se ha derramado en los textos literarios. Se trata de asociar dos sentidos desplazando una dimensión sensorial de uno hacia otro, para que, ambos, permanezcan como un solo en la memoria. Con esta herramienta juega el escritor para contaminar de forma retórica el recuerdo del lector.
Los procedimientos sinestésicos, además, pueden utilizarse como recurso de ruptura o continuidad en la narración. Su uso sirve, a veces, como cadena metonímica para finalizar un párrafo con una imagen hiperrealista, fugaz y poética.
"Me dijo que yo, José Ruíz Pérez, ya estaba muerto, pero no quise acompañarla. Caminé hacia la arboleda. Un viento intermitente de sabor ceniza alfombraba el camino con las hojas de los almendros".
Asimismo, puede utilizarse como metáfora de continuidad para cambiar de ubicación o de entorno a los personajes.
"En 1935, en plena manifestación contra la patronal, los guardas de la fábrica apaleaban a su padre. A Juanito le metieron a la fuerza en la parte de atrás del camión de la policía. En el suelo quedaba su peonza. Cuando pegaba la nariz a la ventanilla para ver a su papá en el asfalto, sobre el cristal, ya empañaba su mirada el sonido del vaho, ese mismo vaho del espejo del baño que Juan limpiaba con la toalla para comenzar con su afeitado matinal. Estamos ahora en 1982".
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