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ISSN 1698 - 4463
Año VIII Nº 74 Marzo de 2007
Proyecto de David González T.
Por David González Torres
El cuento nace en un planteamiento, crece con un cambio argumental hacia el nudo y finaliza tras un segundo punto de giro que explota en el desenlace. Pues bien, Aviondepapel.com te ofrece uno de los recursos retóricos que pueden acelerar esta secuencia: la prolepsis o anticipación argumental. Se trata de un recurso retórico que mantiene el interés del lector gracias a que el narrador nos traslada hacia acontecimientos futuros.
La prolepsis no es más que una ruptura de la cronología del argumento, un salto hacia delante, la advertencia o la anticipación que el narrador plantea, a modo de resumen o de sucesos venideros, para así responder a la simple pregunta que le surge todo lector cuando se interna en una historia: ¿Y después qué ocurrirá?
Esta técnica es muy utilizada en el género policíaco novelesco, como muestra el siguiente fragmento de El signo de los cuatro, una de las grandes historias de Sherlock Holmes, escritas por Arthur Conan Doyle:
"En ese mismo instante se abrió la puerta de la casa y Tadeo Sholto salió de ella corriendo (...) con la expresión de terror en sus ojos.
-Algo le ha ocurrido a Bartholomew -gritó-. Estoy asustado. Mis nervios no aguantan más".
Con estos dos únicos párrafos, Conan Doyle ya nos está preparando con esta escena para un próximo episodio que derivará en un nuevo suceso argumental: ¿Qué le ha ocurrido a Bartholomew? ¿Por qué está tan asustado Tadeo Sholto? Ambas preguntas nos inducirán a proseguir la lectura.
Como vemos, la prolepsis suele funcionar en la amplitud de la novela, pero también otros autores lo han experimentado dentro del género del cuento. Jorge Luis Borges, en su relato El Sur, nos avanza el trágico devenir de su personaje Juan Dahlmann:
"Verano tras verano se contentaba con la idea abstracta de posesión y con la certidumbre de que su casa estaba esperándolo, en un sitio preciso de la llanura. En los últimos días de febrero de 1939, algo le aconteció".
Estos dos fragmentos de Conan Doyle y de Borges definen de manera precisa la esencia de la prolepsis. Insistimos en que se trata de un procedimiento retórico que permite evocar por anticipación los instantes culminantes de la trama y preludian un nuevo clímax que, inevitablemente, afectará al comportamiento del personaje.
Dicho de otra manera: la prolepsis nos proyecta hacia sucesos venideros que nos enviarán desde el planteamiento hasta el nudo o desde el nudo hacia el desenlace.
Por tanto, la prolepsis actúa como contrapunto de la elipsis, su contrario de la familia retórica. La elipsis elude información - para que avance la acción o porque se considera innecesaria-, mientras que la prolepsis alude a un nuevo acontecer.
Y es en la literatura oral donde la prolepsis muestra su mayor eficacia, puesto que es en este tipo de historias donde el narrador debe mantener en vilo a los lectores más exigentes: es decir, a los niños.
Como muestra, Aviondepapel.com te propone un ejemplo final. Retornamos al género novelesco y, en concreto, a Cien Años de Soledad. La novela de Gabriel García Márquez comienza con ese tono de cuento infantil... Muchos años después... (Érase una vez...), pero, además, la estructura de la novela se sostiene en una secuencia de prolepsis que van acelerando la epopeya de la saga Buendía. ¿Cómo? Releamos, una vez más, uno de esos mágicos párrafos:
"(...) La aldea estaba convencida de que José Arcadio Buendía había perdido el juicio, cuando llegó Melquíades a poner las cosas en su punto. Exaltó en público la inteligencia de aquel hombre que por pura especulación astronómica había construido una teoría ya comprobada en la práctica, aunque desconocida hasta entonces en Macondo, y como una prueba de su admiración le hizo un reglo que había de ejercer una influencia terminante en el futuro de la aldea: un laboratorio de alquimia".
¿Un laboratorio de alquimia?, se preguntará el lector, pues acaba de leer un párrafo premonitorio, magistralmente trazado por el autor. Sí, un laboratorio de alquimia, responderá el narrador.
Y, por supuesto, continuaremos leyendo: ésta es la magia retórica de la prolepsis, la promesa de un suceso venidero.
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