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Créditos

Aviondepapel.com
ISSN 1698 - 4463
Abril de 2000
Proyecto de David González T.

En Cabina [ Términos literarios]

El minicuento, una explosión de brevedad

Por David González Torres

Apenas una línea, no más de unos párrafos, una página como límite. El minicuento como género literario se ensambla entre la brevedad del cuento y la rotundidad del aforismo.

Entre los grandes autores que han sobrevolado este tipo de narrativa encontramos a Julio Cortázar y sus historias a vuela página, la economía del mexicano Juan José Arreola o el colmo de la brevedad, con Augusto Monterroso.

Este último es el autor del fragmento más pequeño y más famoso de la literatura. Un día, Monterroso escribió El dinosaurio con tan sólo siete palabras:

"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí".

El minicuento es, por tanto, un texto literario de muy pocas líneas que, por la brevedad y precisión en su vocabulario, crea la intensidad suficiente para turbar al lector.

Los orígenes de este género están en la cultura popular, el folklore o las leyendas. Son historias que se han ido transmitiendo de boca en boca y que llegan a la literatura con forma y estilo propios.

Quien desee sobrevolar por la estrechez de la escritura debe conocer a fondo el fuselaje de este tipo de aeroplanos.

El minicuento, normalmente, empieza y acaba con el mismo sujeto gramatical. Lo que lo diferencia de su hermano mayor (el cuento o el relato) es que toca un único hecho narrativo muy visual, que va más allá de la anécdota. No explica un suceso, sino que sintetiza y sugiere un acontecimiento a partir de éste.

Conjuga verbos en pretérito imperfecto para diluir la temporalidad de la acción y jugar con la apenas imperceptible diferencia que existe con el pretérito perfecto.

Pero, además, dentro de la técnica narrativa, el esquema de nudo, desarrollo, desenlace, no funciona. Es demasiado largo para este estilo de contar historias. El minicuento elimina el desarrollo y se apoya en el clímax para generar un desenlace final que provoque pasmo en el lector.

Para explicarlo de alguna forma, es como cuando encendemos una cerilla, primero, un chispazo; luego, la llama se extingue fugaz; y, finalmente, esa quemazón en los dedos...

Para todos aquellos que deseen pilotar por la literatura a bordo de estos aviones ultraligeros, una advertencia desde Aviondepapel.com: el poder del minicuento radica, precisamente, en la longitud que no tiene.

 

 

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