Avión de Papel

 

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Mayo de 2003

Revista Cultural de Curiosidad Gratuita

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En Cabina

La continuidad

La redundancia invisible, artimaña para dar continuidad a nuestros vuelos literarios

Por Luis Torres

Resumen

La redundancia es una repetición innecesaria de palabras. La
redundancia narrativa es una reiteración de ideas, que da continuidad al relato. Un texto literario insiste, desde el comienzo, en una o dos ideas centrales que se repiten y complementan con nuevas situaciones, hasta lograr, por fin, un desenlace.

   

 

Los aviadores que conducen su imaginación hacia el cielo del cuento tienen un fin literario concreto: desde el despegue del vuelo (comienzo de la historia) hasta el aterrizaje (desenlace), intentan captar la atención de los pasajeros (los lectores).

 
 

Los pilotos de papel, si bien deben evitar las redundancias (repeticiones innecesarias de palabras), tienen que introducir en sus vuelos reiteraciones continuas que se fijen de forma inconsciente en la mente del lector. 

El relato corto sobrevuela una única idea implícita o explícita —a lo sumo dos—, que se refuerza de forma secuencial. ¿Cómo? Con la inclusión de aspectos ya conocidos, pero que, cada una o dos frases, intercalan datos aún desconocidos.

 
 

Así, el secreto de un buen texto narrativo está en el artificio de repetir y repetir. El oficio del aviador consiste, por tanto, en fijar la atención del lector con reiteraciones invisibles y el interés con acciones o situaciones novedosas. Estas repeticiones deben evitar la duplicidad de palabras y buscar, por contra, la redundancia de ideas. 

 

Existen muchos trucos para camuflar estas argucias en nuestros escritos. Uno de ellos consiste en utilizar, una y otra vez, campos de significados afines . El objetivo de estas redundancias invisibles es conseguir continuidad en nuestros textos, desde el comienzo hasta la resolución de la historia.

 

Las dos ideas sobre las que pivota "La Noche de los feos", relato del aviador Mario Benedetti, son la fealdad  y la soledad de los dos protagonistas. Benedetti repite, insiste e incide en estos dos conceptos, que forman la causa y la consecuencia del cuento:

 

"Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia". 

(...) "Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera". 

(...) "Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía, pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola, todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos —de la mano o del brazotenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas".

Fuente: Mario Benedetti, "De la muerte y otras sorpresas" (Siglo XXI, Madrid, 1982, 18ª Edición).

 

Sigue volando

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