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ISSN 1698 - 4463
Abril de 2000
Proyecto de David González T.
Por David González Torres
Cuando leemos, no sólo nos gusta ver al personaje, el espacio en el que habita, sino además oír esa silla agrietada sobre la que se sienta, escuchar su voz ronca por la resaca y el chirrido de una puerta por la que, párrafo a párrafo, se marcha sin decirnos adiós.
La aliteración, como figura retórica, reitera uno o varios sonidos similares entre sí y los expresa dentro de una o varias frases. El uso de este recurso literario provoca sensaciones acústicas que enriquecen el significado del texto.
Un Lugar Llamado Kindberg —traducido ingenuamente por montaña de los niños, como nos narra en su primer párrafo su autor, Julio Cortázar—es un cuento lleno de aliteraciones que dotan al texto de una sonoridad necesaria para el relato.
Con palabras, Cortázar invita al lector a un plato de sopa caliente lleno de fideos y humeantes aliteraciones para que, así, oigamos, sorbo a sorbo, la historia de Lina y Marcelo.
Marcelo es un maduro viajante de comercio que recoge en la carretera a la autoestopista Lina. Hace frío, pero Cortázar no lo narra, sino que escuchamos con imágenes sonoras cómo la lluvia golpea el parabrisas, cómo la chimenea chisporrotea y cómo ambos sorben una cucharada de sopa caliente en un hotel de Kindberg.
En un lugar del cuento, el escritor argentino crea una escena en la que ambos personajes dialogan frente a frente, en torno a un plato de sopa. Cortázar nos lleva la cucharada de sopa a la boca, pero por los oídos; endulza los párrafos de "eses" para que el lector pueda escuchar cómo Lina sacia el hambre surgida de cunetas y autopistas:
"... a saber por qué pero tan bonito ver que el flequillo de Lina se alza un poco y tiembla como el soplido devuelto por la mano y por el pan fuera a levantar el telón de un diminuto teatro, casi como desde ese momento Marcelo pudiera ver salir a escena los pensamientos de Lina, las imágenes y los recuerdos de Lina que sorbe su sopa sabrosa soplando siempre sonriendo".
Fragmento de la colección Octaedro, de Julio Cortázar
El uso de la aliteración, como cualquier otro recurso retórico, le da al texto literario otra dimensión sensorial. Si la visibilidad enseña a ver línea a línea a los personajes y su entorno, la aliteración le añade a las palabras, en este caso, un segundo sentido: el oído.
La aliteración está acompañada, aunque en menor alcance, por la tautofonía, que es la reiteración del mismo sonido, o grupos de sonidos, dentro de la misma palabra. Así, cuando queremos destacar el ruido de la letra "p" podríamos usar vocablos como papanatas, papagayo o paralelepípedo.
Aviondepapel.com te aconseja que el uso y disfrute de este tipo de figuras retóricas sea arbitrario, pero, como todo procedimiento, debe utilizarse sin abusos y, sobre todo, más como un fin justificado que como el objetivo único de lucimiento.
Cortázar, en Un lugar Llamado Kindberg, incluye la aliteración dentro de una escena con el fin de enfatizar el hambre de Lina, para que el lector perciba cómo saborea la sopa. Las aliteraciones en este cuento son sorbos para sibarita.
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