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USO
ORTOGRÁFICO
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Los
signos de interrogación son
signos dobles (¿...?): uno al principio y otro al final de
la pregunta. Nunca debe suprimirse el de apertura [¿Cuándo
te vas?]. Además, deben mantenerse unas disciplinas
ortográficas, en cuanto a las mayúsculas y la
puntuación.
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| Fuente
Consultada: RAE. |
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Los
signos de interrogación tienen un uso ortográfico concreto:
marcan la entonación de una pregunta. Son signos dobles, uno de
apertura y otro de cierre (¿...?). Deben colocarse siempre al
principio y al final de la frase interrogativa y respetan una
serie de disciplinas ortográficas (por lo general: detrás del
signo de apertura (¿...) se escribe en mayúsculas; detrás del
signo de cierre (...?) no va punto, porque el mismo signo ya lo
incluye; etcétera).
Sin
embargo, su correcta ortografía también da paso a un uso retórico
que, como hemos dicho, nace de su esencia ortográfica (marcan una
entonación de pregunta). No tenemos más que recordar una de las
grandes novelas contemporáneas. En La metamorfosis, Franz
Kafka inicia este relato sobre la identidad y la impotencia del
ser humano con una de las cuestiones que, por no tener respuesta, revolucionó la literatura del
siglo XX:
Al
despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo,
encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto. (...)
—¿Qué me ha ocurrido?, pensó.
Kafka
planea esa pregunta inicial en su novela para mostrar un tono de
perplejidad en el protagonista. Pero la verdadera pregunta
existencial es más sutil, está oculta a lo largo de todo el
relato: ¿Por qué Gregor Samsa se ha transformado en insecto? La
respuesta —ese porqué— no la da la novela, sino que la tiene
que aportar el lector.
Así,
muchas obras literarias incluyen este uso literario de los signos
de interrogación de manera tácita para enfatizar el tono de la
narración. De esta manera, las interrogaciones pueden mostrar
contradicción, pueden iniciar una reflexión interior, pueden
interpelar al lector para captar su atención, etcétera, etcétera.
Todo depende del fin poético que, con la pregunta, plantea el
escritor.
Dos
ejemplos más. El primero es el comienzo de la novela Rayuela de
Julio Cortázar. Un interrogante que invita a la indagación. Una
búsqueda que el narrador quiere compartir con el lector, para que
este último participe también en su novela:
¿Encontraría
a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por
la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz
de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las
formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts.
Otra
muestra de la retórica de las frases interrogativas la tenemos en
Moby Dick, de Hermman Meville:
¿Qué
ocurre, si algún viejo tacaño de capitán me manda traer la
escoba y barrer la cubierta? (...) ¿Quién no es esclavo?
Decídmelo.
En
definitiva, muchas historias de ficción lanzan un mensaje de
antemano que raya el ensayo. Sin embargo, muchos lectores
prefieren un hecho literario que proponga una reflexión inicial
que luego palpite durante toda la narración hasta el
desenlace.
Así, los signos de interrogación, que enmarcan dicha
cuestión explícita, pueden servirnos como recurso estilístico
para marcar, desde el comienzo de nuestras ficciones, un latido
literario de reflexión implícita.
Aparte
de su finalidad retórica, nunca hay que olvidar que los signos de
interrogación tienen un uso ortográfico correcto. Éstas son las
reglas [ejemplos en este color]:
USO
ORTOGRÁFICO DE LOS SIGNOS DE INTERROGACIÓN
- Los
signos de interrogación son signos dobles (¿...?): uno al
principio y otro al final de la pregunta. Nunca debe suprimirse el
de apertura [¿Cuándo te vas?].
- Se escriben pegados a la primera y a la última palabra y
separados por un espacio de las palabras que los preceden o los
siguen [¿Cuándo vienes? No me digas que
mañana], salvo que le
siga otro signo de puntuación: [¡Caramba!, ¿es ya de noche?; se
me ha hecho tardísimo].
- Detrás del signo de cierre (...?) puede colocarse cualquier signo
de puntuación, excepto el punto. El signo de cierre ya equivale a
un punto y, por tanto, la oración siguiente debe comenzar con mayúscula:
[No
he terminado la novela. ¿Por qué? Bueno, ya ves que estoy
ocupado con otras cosas].
- Los signos de apertura
(¿...) se han de colocar justo al comienzo
de la pregunta, aunque no se corresponda con el inicio del
enunciado: [Por
lo tanto, ¿qué esperas de mí?]
- Los vocativos
(nombre de la persona a quien se interpela), cuando
ocupan el primer lugar del enunciado, se excluyen de la pregunta;
pero si van al final, se enmarcan entre interrogaciones: [Luis,
¿sabes ya cuándo te irás? / ¿Sabes ya cuándo te irás, Luis?]
- En cuanto a
mayúsculas y minúsculas, cuando son varias preguntas
breves consecutivas el uso es el siguiente:
- La
frase comenzará en mayúsculas si se consideran oraciones
independientes: [¿Quién
era? ¿De dónde vino? ¿Qué quería de ti?]
- Se
mantienen las minúsculas si son un único enunciado y se separa
por comas o bien por puntos y comas: [Me
saludó en el cine y me preguntó: ¿Cómo te va?, ¿a qué te
dedicas?, ¿cuándo llegaste a Madrid?].
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