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AÑO VII / Número 0070 / Noviembre 2006

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CAJAS NEGRAS

"Los signos de interrogación: 
¿Una pregunta hecha literatura?
"

 

Por David González T.

 

 

USO ORTOGRÁFICO

Los signos de interrogación son signos dobles (¿...?): uno al principio y otro al final de la pregunta. Nunca debe suprimirse el de apertura [¿Cuándo te vas?]. Además, deben mantenerse unas disciplinas ortográficas, en cuanto a las mayúsculas y la puntuación.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Fuente Consultada: RAE.
Los signos de interrogación tienen un uso ortográfico concreto: marcan la entonación de una pregunta. Son signos dobles, uno de apertura y otro de cierre (¿...?). Deben colocarse siempre al principio y al final de la frase interrogativa y respetan una serie de disciplinas ortográficas (por lo general: detrás del signo de apertura (¿...) se escribe en mayúsculas; detrás del signo de cierre (...?) no va punto, porque el mismo signo ya lo incluye; etcétera). 

Sin embargo, su correcta ortografía también da paso a un uso retórico que, como hemos dicho, nace de su esencia ortográfica (marcan una entonación de pregunta). No tenemos más que recordar una de las grandes novelas contemporáneas. En La metamorfosis, Franz Kafka inicia este relato sobre la identidad y la impotencia del ser humano con una de las cuestiones que, por no tener respuesta, revolucionó la literatura del siglo XX:

Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto. (...)
¿Qué me ha ocurrido?, pensó. 

Kafka planea esa pregunta inicial en su novela para mostrar un tono de perplejidad en el protagonista. Pero la verdadera pregunta existencial es más sutil, está oculta a lo largo de todo el relato: ¿Por qué Gregor Samsa se ha transformado en insecto? La respuesta —ese porqué— no la da la novela, sino que la tiene que aportar el lector.

Así, muchas obras literarias incluyen este uso literario de los signos de interrogación de manera tácita para enfatizar el tono de la narración. De esta manera, las interrogaciones pueden mostrar contradicción, pueden iniciar una reflexión interior, pueden interpelar al lector para captar su atención, etcétera, etcétera. Todo depende del fin poético que, con la pregunta, plantea el escritor.

Dos ejemplos más. El primero es el comienzo de la novela Rayuela de Julio Cortázar. Un interrogante que invita a la indagación. Una búsqueda que el narrador quiere compartir con el lector, para que este último participe también en su novela:

¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts.

Otra muestra de la retórica de las frases interrogativas la tenemos en Moby Dick, de Hermman Meville:

¿Qué ocurre, si algún viejo tacaño de capitán me manda traer la escoba y barrer la cubierta? (...) ¿Quién no es esclavo? Decídmelo.

En definitiva, muchas historias de ficción lanzan un mensaje de antemano que raya el ensayo. Sin embargo, muchos lectores prefieren un hecho literario que proponga una reflexión inicial que luego palpite durante toda la narración hasta el desenlace. 

Así, los signos de interrogación, que enmarcan dicha cuestión explícita, pueden servirnos como recurso estilístico para marcar, desde el comienzo de nuestras ficciones, un latido literario de reflexión implícita.

Aparte de su finalidad retórica, nunca hay que olvidar que los signos de interrogación tienen un uso ortográfico correcto. Éstas son las reglas [ejemplos en este color]:

 

USO ORTOGRÁFICO DE LOS SIGNOS DE INTERROGACIÓN

  1. Los signos de interrogación son signos dobles (¿...?): uno al principio y otro al final de la pregunta. Nunca debe suprimirse el de apertura [¿Cuándo te vas?]. 

  2. Se escriben pegados a la primera y a la última palabra y separados por un espacio de las palabras que los preceden o los siguen [¿Cuándo vienes? No me digas que mañana], salvo que le siga otro signo de puntuación: [¡Caramba!, ¿es ya de noche?; se me ha hecho tardísimo].

  3. Detrás del signo de cierre (...?) puede colocarse cualquier signo de puntuación, excepto el punto. El signo de cierre ya equivale a un punto y, por tanto, la oración siguiente debe comenzar con mayúscula: [No he terminado la novela. ¿Por qué? Bueno, ya ves que estoy ocupado con otras cosas].

  4. Los signos de apertura (¿...) se han de colocar justo al comienzo de la pregunta, aunque no se corresponda con el inicio del enunciado: [Por lo tanto, ¿qué esperas de mí?]

  5. Los vocativos (nombre de la persona a quien se interpela), cuando ocupan el primer lugar del enunciado, se excluyen de la pregunta; pero si van al final, se enmarcan entre interrogaciones: [Luis, ¿sabes ya cuándo te irás? / ¿Sabes ya cuándo te irás, Luis?]

  6. En cuanto a mayúsculas y minúsculas, cuando son varias preguntas breves consecutivas el uso es el siguiente:

    • La frase comenzará en mayúsculas si se consideran oraciones independientes: [¿Quién era? ¿De dónde vino? ¿Qué quería de ti?]

    • Se mantienen las minúsculas si son un único enunciado y se separa por comas o bien por puntos y comas: [Me saludó en el cine y me preguntó: ¿Cómo te va?, ¿a qué te dedicas?, ¿cuándo llegaste a Madrid?].

 
 

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