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AvióndePapel |
Octubre de 2000 |
Revista Cultural de Curiosidad Gratuita |
| Portada | Vuelos
| Aviadores | En
Cabina | Cajas Negras| |
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Aviadores |
Augusto Monterroso |

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"Cuando despertaron, su decálogo seguía
ahí" |
Por Luis Torres |
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Cuando un día despertó, Augusto Monterroso creó a Eduardo
Torres, su seudónimo y autor de un decálogo para aquellos aviadores con pocas
horas de vuelo. Este decálogo contiene doce mandamientos para que cada "quien escoja
los diez que más le acomoden, y pueda rechazar dos, al gusto". |
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En su primer consejo en "Los Buscadores de Oro" afirma: Cuando tengas algo
que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre. (I) "Los libros son como
cajas... Uno tiene algo y lo coloca allí... Donde hay una página en blanco es que
renuncié a algo demasiado malo. La gente suele agradecerme mucho mis páginas en
blanco", confiesa Monterroso para refrendar su fama de autor escaso. La parquedad de
Don Tito, como los conocen sus allegados, va acompañada de su lentitud en publicar. No
sólo hace esperar al lector por sus nuevos escritos, sino que, cuando decide regalarnos
nueva buena literatura, nos regala poca cantidad. |
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Este Aviador ha sobrevolado toda su obra siempre entre breves relatos como El
Dinosaurio, siete palabras que conforman el menor cuento de toda la literatura:
Cuando despertó,el dinosaurio
todavía estaba allí.
Maestro milimétrico del minicuento, Monterroso recomienda que lo que podamos decir
con cien palabras habrá que decirlo con cien palabras; lo que con una, con una. Nunca
empleemos el término medio; jamas escribir nada con cincuenta palabras. (IV). Este
éxito dinosáurico y tantos otros no lo ha envanecido. Don Augusto afirma que "la
posteridad siempre hace justicia". No escribamos nunca para nuestros contemporáneos
ni mucho menos para nuestros antepasados. Escribamos para la posteridad, en la cual sin
duda el escritor será famoso. (II), aconseja el guatemalteco. |
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El joven aviador no debe perseguir el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen
novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, habría que procurarse
un buen fracaso de vez en cuando para que nuestros amigos se entristezcan (VII). El
premio Príncipe de Asturias de las Artes y las Letras de 2000 nació en
Honduras el 21 de diciembre de 1921, según reconoce, "debido a una cuestión de
tiempo y azar". Sin embargo, se siente y ha sido siempre de Guatemala, país de donde
se vio obligado a exiliarse al llegar la dictadura. |
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Debido a esta muesca biográfica, quizás aconseja a los pilotos noveles que aprovechen
todas aquellas desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza. El primero hizo a
Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores. Evitar
dormir como Homero, o la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy (VI).
Moterroso, que acabó en aquellos años dictatoriales escondido en México, confiesa que
en todo lo que escribe oculta más que revela, así considera que nunca habrá que
olvidar que en literatura no hay nada escrito (III). |
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Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista
del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para
esta lucha ejercítate de día y de noche. (V) Esa es la preocupación primera y
última cuando uno pretende ser un artista, tomar la literatura y la escritura como arte,
según dice el autor de "Cuentos Fábulas y lo demás es silencio". Los que
deciden sobrevolar la literatura como oficio deben formarse un público inteligente,
que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no faltarán ni la
comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes" (VIII). |
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Al creador de "La oveja negra y otras fábulas" le gusta el
perfeccionismo, porque es lo que lleva a la máxima sencillez y por tanto a la máxima
claridad. ``La sencillez y la claridad y la facilidad de lectura son los elementos más
importantes", afirma. El décimo consejo planea sobre quien nos lee. El aterrizaje en
los vuelos literarios debe realizarse de modo que se trate de decir las cosas de manera
que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez
en cuando procurar que efectivamente lo sea; pero para lograr eso es necesario tener que
ser más inteligente él (X). |
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Para este Gran Aviador, la frase no debe verse, lo que se debe ver es lo que esa frase
dice. Esto significa que debe estar correctamente expresado y, como un ideal final, que
sea bello. Porque una cosa, por verdadera que sea, puede no ser bella si no le añade lo
que el arte de la escritura enseña. A vueltas con el lector, Monterroso aconseja: No
olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como
tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio. (XI) |
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Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más
refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el
montón nunca serás popular y nadie tratara de tocarte el saco en la calle, ni te
señalara con el dedo en el supermercado (XII). Por eso, en sus cortos vuelos viajan
siempre personajes narcisistas que se aíslan de la complejidad de sus mundos. Personajes
que tratan de imponer su reducida visión de la realidad en el caos de la vida, tal como
plasma el escritor en en "El Eclipse", uno de los diez mejores cuentos de la
literatura universal. En él, fray Bartolomé Arrazola busca con la ignorancia salvarse de
su fatal destino. Una ignorancia que se vuelve traicionera y mata su egocentrismo. |
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Un carácter egocéntrico que no hay que olvidar, sino dudar de él, reconociendo nuestras
virtudes y aceptando nuestras limitaciones. En su novena recomendación Monterroso dice: "Cree
en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto". Cuando sientas duda, cree; cuando
creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un
escritor". (IX) |
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Palabras grandes, frases escuetas de un Gran Aviador de la literatura |
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