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AvióndePapel |
Noviembre
de 2001 |
Revista Cultural de Curiosidad Gratuita |
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Aviadores |
Carmen Martín Gaite |

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La fe en la literatura como oficio |
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Aferrada a su estilográfica
"He
continuado aferrada tercamente, como única tabla de salvación, a mi
pluma estilográfica que heredé de mi padre y llenando cuadernos con
la mejor letra posible, como en mis tiempos de escolar aplicada",
aseguraba Carmen Martín Gaite en el discurso de aceptación del
Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 1988. |
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"La tarea del escritor es una aventura solitaria y conlleva todos
los titubeos, incertidumbres y sorpresas propios de cualquier aventura
emprendida con entusiasmo", decía Carmen Martín Gaite.
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"En un mundo donde se huye cada vez más de la soledad, el
escritor desconcierta como un nadador contra corriente, y de todas
partes surgen brazos que le quieren anexionar a un determinado grupo y
hacerle esclavo de sus normas y de sus reglas", afirmaba.
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Contra este peligro, la autora de "El cuarto de atrás"
(1978) explicaba que al disidente no le queda más remedio que seguir
aguantando en su reducto, a partir de cero, invocando la fe juvenil
con la que comenzó. Esta era la clave para Martín Gaite: "la
escritura es fundamentalmente un asunto relacionado con la fe, —no
con el medro ni el negocio— y, precisamente, por ahí derivan las
contradicciones de su aprendizaje".
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Para la creadora de "Entre visillos" (1958), cuando los
aviadores novatos nos iniciamos en el ejercicio de la literatura
tenemos mucha menos destreza en el oficio, pero mayor fe y entusiasmo.
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Esta escritora nacida en Salamanca (España) en 1925 explicaba que a
medida que van pasando los años y el escritor consigue un mayor o
menor reconocimiento por parte del público, se ve forzado a confesar
cómo la fe de los comienzos se le ha venido abajo.
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Para estos momentos, aconsejaba que lo mejor era recuperar y revivir
aquella fe de antaño. Si no lo consigue, insistía, se corre el
peligro "de estarse metiendo por unos raíles demasiado cómodos,
que le van a amortiguar cualquier sobresalto. Y en el fondo de su ser
no es eso lo que busca ni lo que quiere", añadía.
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Gaite argumentaba que el aprendizaje de la escritura nunca se cierra,
sino que se renueva y cuestiona "cada vez que nos vemos frente a
un papel en blanco". Para explicar esta afirmación
ejemplificaba: "Un carpintero que ha construido una mesa sólida
puede estar relativamente seguro de que ya ha aprendido a hacer mesas,
pero a un escritor nadie le garantiza que, porque ha escrito un libro,
el próximo que escriba tenga que ser mejor ni tan siquiera
bueno".
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El aviador que se enfrenta al cuadro de mandos de su aeroplano se
pregunta: ¿para qué escribo? Carmen Martín Gaite daba su propia
respuesta: "para lanzar al aire nuevas preguntas, para
interrumpir los asertos ajenos, para tratar de entender mejor lo que
no está tan claro como dicen; para distanciarse de la realidad,
mirarla como un espectador y convencerse de que nada es lo que
parece".
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"Un escritor escribe, a pesar de todo, porque cree que lo que él
va a decir no lo ha dicho nadie todavía desde ese punto de vista.
Puede tomarse como un vicio, como una arrogancia o como una defensa,
que de todo tendrá".
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Grandes preguntas, grandes respuestas, palabras al viento, de una gran
aviadora de la literatura española fallecida el 23 de julio de 2000.
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