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AvióndePapel |
Marzo de 2001 |
Revista Cultural de Curiosidad Gratuita |
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Aviadores |
Horacio Quiroga |

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El perfecto cuentista |
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"No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde
vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de
las tres últimas" (V), aconsejaba Horacio Quiroga. El escritor nacido en Uruguay en
1879 era consciente de la dificultad que encuentran los en sus comienzos los aprendices de
escritor y por ello nos regaló "El Decálogo del Buen Cuentista". |
La muerte como estigma
En la obra de Horacio Quiroga, la muerte es la protagonista, quizás por la fatalidad que
marcó su vida:
su padre murió al dispararse accidentalmente su escopeta; su primera mujer se suicidó;
Quiroga mató a su mejor amigo de un disparo accidental.
La pluma del escritor uruguayo dejó de escribir en 1937: conocedor de que padecía un
cáncer de estómago se quitó la vida con cianuro. |
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Los primeros vuelos están impregnados del
mal de altura, de ese vértigo tembloroso que nace al planear por primera vez sobre lo que
creemos será una gran ficción. Pero Quiroga recomendaba no escribir la historia bajo el
imperio de la emoción. "Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de
revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino (IX)".
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El creador de "Cuentos de la
Selva" daba otro certero consejo sobre los protagonistas de nuestros vuelos
literarios: "Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final,
sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos
pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de
ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea (VIII)". |
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"No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará
tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño
ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene
la vida del cuento (X). |
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Todo aviador mitifica a sus maestros, se empapa de la técnica de los
clásicos que siempre le acompañan en despegues y aterrizajes. Sobrevolar los parajes de
la escritura no es fácil sin recurrir inconscientemente a las imitaciones. |
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Horacio Quiroga lo atestigua: "Resiste
cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que
ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia (III)".
Por ello recomendaba creer en un maestro Poe, Maupassant, Kipling, Chejov
"como en Dios mismo (I)".
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El autor de "Cuentos de Amor Locura y
Muerte" se adentraba más aún en las formas de los textos literarios: "Si
quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento
frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una
vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o
asonantes (VI). |
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Quiroga siempre optaba en sus relatos por la
sencillez y quizás esto le daba pie a sugerir que no se adjetivara sin necesidad:
"Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas
el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo
(VII)".
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"Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas
hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo (II)". "Ten fe ciega no en tu
capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu
novia, dándole todo tu corazón (IV)", son las dos últimas recomendaciones de este
gran aviador de la literatura.
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