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  Revista de Curiosidad Literaria

Quizás sea ENERO de 2005

 
       
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AÑO VI / Número 0050 / Enero 2005

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AVIADORES

"UNA DE MIS GRANDES PREOCUPACIONES
COMO ESCRITORA ES EL ENGAÑO"

Autora: Care Santos 

Entrevista de David González Torres / Aviondepapel.com a Care Santos/ Seis ( Matar al Padre ) 

 

Care Santos

Entrevista con Care Santos:
"Una de mis grandes preocupaciones como escritora es el engaño"
 
Biografía y foto de Care Santos
 
SEIS.
Relato incluido en el libro de cuentos MATAR AL PADRE, 
II Premio Alfonso de Cossio de Relatos del Ateneo de Sevilla.

Lee el texto cedido por la autora a Aviondepapel.com
 
 
Si las putas leyeran, ¿estarían tristes?
Crítica de Care Santos de la nueva novela de Gabriel García Márquez, MEMORIA DE MIS PUTAS TRISTES
 
Visita la Web de Care Santos:
www.caresantos.com
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


“Todos los escritores tenemos la obligación de creernos Homero por lo menos una vez en la vida”. Lo dice Care Santos, quien nos habla de SEIS, uno de sus ocho relatos after dentro del libro MATAR AL PADRE, colección de cuentos en los que la escritora catalana (Mataró, Barcelona, 1970) quiso rendir homenaje a “sus padres literarios” (Horacio Quiroga, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Juan Rulfo, Alejo Carpentier, Juan José Arreola, Augusto Monterroso y Jorge Luis Borges), autores latinoamericanos “a los que leía, fascinada”, en su adolescencia, con una obsesión tal que le llegó a descubrir errores en las Obras Completas de Borges. 

Care Santos cree que la clave de los escritores está en llegar a conseguir “encuerarnos con nuestra música, nuestro estilo y nuestro ritmo, y que éstos se parezcan lo menos posible a los de otros”. La autora de SEIS, relato que analiza para Aviondepapel.com, se confiesa vitalista en la vida y en la forma de entender la literatura e insiste en que le gustan los cuentos con “finales que no responden a todas las preguntas”. 

También nos entrega una crítica de su reciente lectura de MEMORIA DE MIS PUTAS TRISTES, última novela de Gabriel García Márquez, y nos adelanta que entre sus proyectos literarios, para los que no tiene “fecha ni prisa”, están los de terminar un libro de relatos dedicado a la pintura y una novela titulada ÁNGEL EN LA CUERDA FLOJA. Aquí está la conversación con Care Santos:


PREGUNTA: En Invitación al Parricidio, texto epílogo de la colección de relatos MATAR AL PADRE, explicas que lo que has hecho con este libro “no debe ser confundido con el plagio”. Te justificas diciendo que todos los grandes artistas (enumeras desde Van Gogh hasta Beckett) tuvieron sus referentes, los imitaron y se separaron de ellos poniendo en su obra parte de sí mismos. Por eso, en MATAR AL PADRE, tú prefieres hablar de “homenaje o variación”. Pero, ¿hasta qué punto es buena y hasta cuál es maléfica la imitación de los grandes escritores?

RESPUESTA: Preferiría dejarlo en atrevida. En ejercicio de atrevimiento, tal vez. Más que una justificación, el epílogo era una advertencia para lectores desinformados y para críticos con pocas horas de vuelo. Cualquier lector mínimamente astuto se dará cuenta del juego que propongo en este libro: querer ser Cortázar con las herramientas de Cortázar, o Borges, o Arreola, o Quiroga, pero sin dejar de ser yo misma. Además, todos los escritores tenemos la obligación de creernos Homero por lo menos una vez en la vida, ¿no?

PREGUNTA: Tal y como lo cuentas en tu epílogo, parece que hay que acercarse a lo más profundo de los maestros para entender el proceso de sus creaciones y alejarse en lo posible para introducir tu propia voz, pero ¿dónde está el límite? ¿No crees que siempre queda algo del “Padre”? Lo digo rememorando a Mario Vargas Llosa, en CARTAS A UN JOVEN NOVELISTA, que decía que el escritor realiza un proceso inverso a una bailarina de streap-tess: la bailarina se desnuda y el escritor se va vistiendo con las influencias de sus lecturas.

RESPUESTA: No suelo estar muy de acuerdo con el Vargas Llosa teórico. Por seguir el símil de la bailarina: todos los escritores tenemos mucho de streapers. La clave está en llegar a conseguir encuerarnos con nuestra música, nuestro estilo y nuestro ritmo, y que éstos se parezcan lo menos posible a los de otros. Ejercicio complicadísimo, claro, si tenemos en cuenta que el escritor es el hijo de una tradición de la cual no puede ni debe desligarse. Eso está claro en MATAR AL PADRE, desde luego. Es como si yo dijera al lector: he aquí mi tradición, esto es lo que he leído con más pasión, y te lo recomiendo. Y, al mismo tiempo, te recomiendo un juego a partir de esas lecturas. ¿Qué somos capaces de hacer con nuestros libros de cabecera, con nuestros “padres” literarios? He aquí una posible respuesta. Después de todo, la literatura es, sobre todo, un juego.

P: Hablemos de SEIS, el primer relato que integra MATAR AL PADRE, colección que tú defines cuentos after... En LA GALLINA DEGOLLADA, Horacio Quiroga, tal como yo lo veo como lector, trata de enunciar una historia de un matrimonio que tiene cuatro hijos idiotas y, finalmente, una niña NO idiota, pero que enferma. Quiroga narra una ficción en la que flotan parte de sus obsesiones autobiográficas. Pero lo narra en tercera persona para alejarse quizás de este componente biográfico. No sé si tú lo ves así. En cambio, tu narrador (narradora, en este caso, la sexta hija) es en primera persona. ¿Por qué elegiste este punto de vista en primera persona? ¿Lo pedía la historia o fue de una forma premeditada?

R: Ambas cosas. La voz narrativa nunca es una decisión al azar, sino tal vez la más meditada de todas. A mí me interesaba hablar del miedo y del engaño: del secreto. El segundo es uno de mis grandes temas, una de mis grandes preocupaciones como escritora. La primera persona transmitía mucho mejor que ninguna lo que yo quería transmitir en esta historia, que no era sino esa inquietud que se instala en nosotros cuando llegamos al final del cuento de referencia. Es una lectura impactante, cuyo final produce desasosiego, estremecimiento. Yo intenté mantener esas sensaciones. La emoción me interesa mucho más que otras cosas, cuando escribo y cuando leo. Quería provocar emociones.

P: En LA GALLINA DEGOLLADA, por lo que intuyo como lector, Quiroga trata de enunciar que la idiotez heredada mata a la inteligencia enferma (los cuatro hermanos de Berta, matan a Berta). En cambio, creo que en SEIS, tú vas más allá de ese planteamiento. Para mí, en tu relato tratas de enunciar que la inteligencia enferma (la narradora, la sexta hija) busca conocer a sus hermanos (“Siempre hubo otros antes que yo”, comienza el relato) y, finalmente, convive con ellos. Lo digo porque el relato concluye con lo que parece un final abierto: la protagonista femenina se sienta junto a sus hermanos, éstos van descubriéndola “a su ritmo”; es decir, la inteligencia enferma busca finalmente convivir (convivir es a veces aceptar) con la idiotez heredada. ¿No sé si es así lo que trataste de narrar?  ¿Realmente es la protagonista quien se une a sus hermanos observando un amanecer o es al contrario?

R: Me gustan los finales que no responden a todas las preguntas. O que responden de varias maneras a las preguntas. En efecto, en el final de Seis podemos entender que la fatalidad está en que los idiotas atraigan a su espacio a la niña sana, pero es un final que no me satisface demasiado. Los finales dramáticos, en general, no me interesan a no ser que traigan consigo algo más. Además, como dijo Steiner, lo dramático puro no se corresponde con la realidad: la vida no es sólo dramática.

P: En SEIS, también has introducido rasgos casi biográficos de Quiroga: su suicidio, sus viajes a la selva, la rígida educación de sus hijos. ¿Cómo surgió la idea de ensamblar estos rasgos biográficos con la historia?

R: Era un elemento común a todo el libro. Leí tanto acerca de las génesis de los respectivos cuentos originales que luego no pude resistir la tentación de introducir algunos detalles en los relatos. Tiene que ver también con algo que me interesa mucho como lectora: los diferentes niveles de lectura. Pienso que estos cuentos puede leerlos cualquier, incluso el que desconozca por completo a los autores homenajeados, pero si lo lee alguien que haya leído a cualquiera de ellos, su lectura será diferente. Y lo mismo si conoce más detalles respecto a los autores y los relatos elegidos.

P: ¿Cómo nació la excusa argumental de contar casi lo mismo que en LA GALLINA DEGOLLADA, pero desde el punto de vista otro personaje y, por tanto, ir más allá del planteamiento fatalista de Quiroga?

R: Yo no creo que se cuente lo mismo. Para empezar, SEIS sucede en la provincia de Segovia. Hay un personaje que es un cura catalán que habla en catalán pero hace creer a todos que ha inventado el idioma que utiliza. Aquí los niños son mucho más monstruosos que en el cuento original, porque han crecido y eso les despoja de toda candidez, y porque además llevan una vida de bestias. El secreto es fundamental, algo que no sucedía en el de Quiroga. Casi podríamos decir que es un relato de intriga. Y lo que se cuenta es precisamente lo contrario: allí, la fatalidad terminaba imponiéndose. Aquí, la menor de los hermanos hace que triunfe su voluntad sobre el destino fatal.

P: En SEIS, también aparecen otros personajes diferentes a los de LA GALLINA DEGOLLADA. ¿Cómo nacieron estos protagonistas? No sé si estás de acuerdo, pero tal y como los veo, tal y como los narras en sus acciones y comportamientos son así ¿o no?: Un padre que oculta un secreto a su hija y la entrena para que pierda el miedo a la muerte; un párroco que no cuenta el secreto de familia, sino que habla en otra lengua para no hacerse entender; una sirvienta que se harta de no contar el secreto; y una madre que cuenta, pero a medias dicho secreto. ¿Qué simbolizan cada uno de ellos? ¿Coincides con mi apreciación?

R: Como ha quedado dicho ya, el lenguaje del párroco no es propio: tan sólo es extraño para ellos. Creo que la importancia de esos dos personajes radica en lo que esconden, en lo que no dicen. La mentira es uno de mis temas recurrentes, he escrito mucho –y escribiré- sobre ella. Aquí, los personajes adultos o cuerdos, mienten. En mayor o menor grado, impulsados por unas u otras razones, pero mienten. Y lo hacen ante quien, por su propia inocencia, no puede defenderse de esa mentira: la niña, pero también los chicos locos. Sólo que la niña, pese a inocencia, acaba desentrañando la verdad. Podría leerse, desde ese prisma, como un relato de iniciación: para crecer hay que conocer la mentira. No me parece nada descabellado, por cierto.

P: ¿El cuento de Quiroga y el tuyo, SEIS tiene algo de exorcismo? Me explico: intuyo que lo has elegido para abrir la colección de MATAR AL PADRE, porque en él aparece la muerte de un padre. ¿Pero hay algo más detrás de esta elección para que SEIS sea un cuento de apertura de la colección?

R: Había varias razones para situarlo al principio. Una cronológica, por ejemplo: Quiroga es el autor más veterano de los escogidos. También es de mis lecturas más tempranas. Sin embargo, en la ordenación de un libro de cuentos siempre hay un factor mucho más personal: ese es, de todos, mi cuento favorito. Es difícil justificar el porqué.

P: No sé, para mí, Quiroga trata de enunciar en su historia cómo las personas no podemos luchar contra un estigma (rasgos genéticos o como quieras llamarlo), y si ese estigma es la fatalidad, al final nuestros hijos están abocados a la fatalidad. Tú, en su lugar, das una visión más optimista: buscamos nuestros orígenes, reconocemos en nosotros mismos este estigma y, de alguna manera (contemplando un amanecer, con caricias en el pelo), lo superamos. ¿No sé si coincides en esta apreciación?

R: Quiroga y yo no nos parecemos en absoluto. Si visión de la vida era muy distinta de la mía. También la época que le tocó vivir fue muy diferente. En la época en que él escribió ese cuento, la psicología y la medicina legal creían en el estigma, en la predeterminación. Insistir en eso era absurdo, y no sólo porque no creo en ello. Entre un desenlace fatalista y otro optimisma, yo siempre optaré por el segundo. En mi vida, digamos, civil, lo mismo. No creo que Quiroga pudiera decir lo mismo.

P: Estuve releyendo a Quiroga, sus cuentos sus biografías, y me encontré de nuevo sobrevolando su literatura sicológica. No sé si estas de acuerdo en esto: en LA GALLINA DEGOLLADA, Quiroga habla de algo muy autobiográfico, como es que la fatalidad se hereda, pero también nos habla de que la fatalidad se adquiere (es esa eterna dicotomía de lo que somos: lo que hemos heredado genéticamente y lo que aprendemos por imitación dentro de nuestro comportamiento social). ¿Compartes esta visión del cuento de Quiroga?

R: De ninguna manera. Es lógico que la literatura de Quiroga sea fatalista. Él mismo lo era. Como es lógico que a veces Borges escriba pedanterías estupendas, porque él mismo era un estupendo pedante. Supongo que todos nos reflejamos ni que sea un poco en lo que escribimos y yo, por encima de todo, soy una persona vitalista, que tiendo a la felicidad de un modo natural, que tengo una enorme capacidad para ser feliz, incluso en los peores momentos. A eso me refiero cuando digo que soy muy diferente de Quiroga.

P: Cambiando algo los conceptos, ¿no es eso también lo que sucede con la literatura? ¿No se trata de imitar, reconocer en nosotros mismos al Padre (nuestras influencias) y luego matarlo (cambiar de estilo) o aceptarlo como parte de nosotros mismos?

R: Es importante saber a quién nos parecemos, a quién hemos sacado la nariz, las orejas, esa forma de adjetivar desaforada o la tendencia a la digresión. Creo que el autoconocimiento ayuda mucho al escritor, siempre y cuando venga acompañado de una enorme autocrítica y de una enorme vocación de estilo propio. El siguiente paso es el asesinato del padre. Hay que borrarlo de la faz de la tierra o, al menos, intentarlo. Para luego ocupar su lugar con toda legitimidad. Sólo quienes encuentran su voz, su estilo, sus temas…, lo conseguirán.

P: Finalmente, una curiosidad... en el epílogo de MATAR AL PADRE, hablas de que encontraste errores en la edición de Obras Completas de Jorge Luis Borges. ¿Cuáles?

R: En la edición de las Obras Completas que Emecé hizo en Buenos Aires se incluyen unos versículos de La Biblia en el encabezamiento de La Intrusa, a modo de cita, que no existen: 2 Reyes I, 26 (el capítulo de Reyes citado termina en el versículo 18). Primero pensé que se trataba de un juego borgiano: remitir a una cita inexistente. Sin embargo, me parecía tan absurdo que removí cielo y tierra hasta dar con un especialista que me aclaró el error. Debía decir 2 Samuel I, 26. La primera edición copió mal la cita. Y desde entonces, se han citado los versículos equivocados. Escribí un artículo sobre todo esto y el modo en que llegué a desentrañar el misterio. Para aquellos que tengan interés en esta pequeña curiosidad bibliográfica: se llama «El cuento del cuento» y puede leerse en la sección «El cajón», de mi página web.

P: En MATAR AL PADRE, sólo hay autores latinoamericanos, ¿son el referente para cualquier cuentista que se precie? ¿O fue una manera de introducir entre ellos ese denominador común que es Latinoamérica?

R: Son mis autores, mis padres literarios, aquellos a los que leí, fascinada, en mi adolescencia. He leído mucho más a los latinoamericanos, por ejemplo, que a los estadounidenses que tan importantes fueron para muchos de mi generación. También me ha fascinado y me fascina mucho más América Latina que cualquier otro continente. Son, pues, múltiples pasiones, las que convergen en esos ocho cuentos.

P: Nos gustaría también que nos recomendaras a dos o tres cuentistas que estén despuntando en el panorama nacional o internacional y que nos adelantaras, si puedes, tu próximo proyecto editorial (¿novela o cuentos?).

R: Hay buena cosecha de cuentistas nacionales: Félix J. Palma, Carlos Castán, Hipólito G. Navarro, Carmela Greciet, Andrés Neuman… Para mí los cuentos nunca son un proyecto “editorial”. Escribo cuentos siempre, los intercalo con otras cosas o simplemente le robo tiempo a cualquier otro proyecto para escribir un cuento. El último se titula “Amanecer con monstruos marinos”, y forma parte de un libro dedicado a la pintura, que cerrará el ciclo iniciado con “Solos” (música) y “Matar al padre” (literatura). Será, cuando lo termine, una especie de trilogía. Cuando lo termine, que no sé cuándo pueda ser. No tengo nunca fecha, ni prisa, ni constancia con los cuentos. Ahí están, y yo con ellos: nos gustamos, eso es todo. Mi próximo proyecto editorial es una novela de largo recorrido que he empezado ya. Tengo título, claro, porque no puedo empezar a escribir nada sin el título, de modo que siempre lo tengo antes que la novela. Se llamará “Ángel en la cuerda floja”. Espero terminarla durante el verano de 2005.

 
 

 

 

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