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PREGUNTA: Hay otro aspecto
del relato El Amor Es Sólo Tiempo que quería comentarte. Eso que
se llama la verdad que expresa cada protagonista: LO SUBJETIVO. En
este cuento hay varias. Me impacta la femenina: (...) porque el
amor es sólo tiempo y no se gana nada con perder la cabeza...
/ Ella sabe que las cosas difíciles tardan en soñarse...
¿Por qué esa apuesta por lo subjetivo llevado casi al extremo?
Lo digo porque en la mayoría de tus relatos, como en este, los
pensamientos o los anhelos de los protagonistas están fuertemente
cargados de subjetividad, una subjetividad que roza la poesía y
donde cada metáfora es como un verso... ¿En eso radica un buen
cuento, en las verdades -sentencias o aforismos-por las que
apuesta su autor?
RESPUESTA:
Yo creo que en un cuento los personajes han de ser de verdad. Me
parece algo fundamental. A pesar de que, por la brevedad
implícita del relato, no podamos crear personajes de la
complejidad de Ana Karenina, necesitamos dar en un cuento esos cuatro
trazos que hacen al protagonista "verdad". Que lo
retratan como sujeto. Con sus miedos, con sus deseos, con su
falta. En El Amor Es Sólo Tiempo los personajes son esquemáticos,
estereotipados: el hombre que quiere follar y la mujer que quiere
casarse y tener su casita y sus niños. Pero aun así, he
intentado que, por lo que digan o hagan o piensen, ellos se
escapen, aunque sea fugazmente, de ese encasillamiento. Y les
veamos por un momento "la carne", esa cosa que no tiene
nombre, y que a pesar de todas las etiquetas que les echamos
encima, por debajo de ellas, estos personajes son.
P: Supongo que no me
contarás de dónde diantre nació este relato ¿O sí? ¿Nació
primero el título y luego la representación narrativa? ¿Eres de
los escritores que se entregan a una deriva o de los que no se
sientan a escribir sin un esquema previo?
R: Cada
cuento es un mundo. Pero por lo general me dejo ir con el texto, escucho
el texto según va saliendo, aprendo del texto. Un buen
escritor ha de ser también un buen lector de su propia escritura.
Sabe encontrar lo significativo, el oro entre los ríos de folios
que uno escribe. Suena un poco a estado de trance. Pero es sólo
trabajo. Escribir y reescribir un cuento tantas veces sea
necesario hasta encontrar la veta precisa de lo que quieres
decir.
Respecto al
origen de este cuento, la historia original surgió de un
ejercicio en un taller literario de verano. Nos propusieron crear
una historia donde hubiera un personaje y un animal juntos en una
barca, y salió esto. Aunque mentiría si dejara de contar que
luego estuve cerca de mes y medio trabajando el cuento para ver
qué demonios hacían en esa barca una vaca y una pareja de
jóvenes que al principio ni se hablaban.
Los talleres
literarios son muy efectivos a la hora de ayudarnos a crear
historias. La presión misma del taller y de los compañeros, la
"obligación" autoimpuesta de realizar el ejercicio, las
propuestas que nos descolocan como autores, que nos sacan de
nuestras formas de representación habituales y de nuestros
argumentos, todo ello hace que de la experiencia de un taller
literario salgan historias y cuentos estupendos.
P: Otra cuestión. El
final. Háblame, por favor, del final. Es un cuento inconcluso
-como todas las historias de amor que van a la deriva, supongo-.
Intuyo por qué funciona ese final, pero dime... ¿Por qué ese
desenlace sin resolución, en el que se conjugan verbos en futuro
y verbos presente, en el que la mujer desea tiempo y el hombre no
tiene tiempo? ¿Cómo llegas a ese párrafo a esas frases (hunde
el remo... /y ahora parece que avanzan...? Intuyo, también, que
el obstáculo entre los protagonistas no es la vaca, sino el
tiempo (verbal) en que enuncian sus deseos... ¿Me equivoco?
R: Sin
duda ese último diálogo del hombre desnudo, preguntándole a (la
que será) su mujer, si se acostará desnuda, es en cierto modo
una claudicación. El tiempo futuro al que remite, le lleva a
rendirse al terreno de la mujer. Ella es mucho más sabia a mi
modo de ver, porque ha sabido crear una realidad posible,
capaz de movilizar el presente. Me parece precioso esa cosa de que
ellos remen, porque hay futuro, y que haya futuro porque ellos
reman.
P: Regreso con insistencia
a la parte formal. El Amor es Sólo Tiempo se incrusta en la
colección Amor del Bueno, que mantiene dos ejes unitarios: el
amor y, por otra parte, esa misma estructura narrativa en la que
suenan los ecos de Quim Monzó (cuyas historias pivotan sobre la
ironía o el cinismo), o de Sergi Pámies (cuyos relatos circundan
la perplejidad). Pero tú, en cambio, utilizas el mismo formato
narrativo de distanciamiento, con tu propio epicentro: el amor,
amor. ¿Crees que una colección de cuentos debe mantener una
unidad, unos hilos comunes que tejen una tela de araña? ¿O eres
de los escritores que opinan que una colección de relatos puede
presentar textos independientes, no conectados salvo por la
autoría?
R: Me
pones buenos padrinos. A mí me gusta que los libros de cuentos
tengan una cierta unidad temática, o formal, o de estilo.
Algo que los justifique y los enriquezca como partes de un todo.
Pero tampoco creo que esto haya de ser premeditado. Me parece que,
si el escritor es fiel a sí mismo, esa unidad viene sola.
En los cerca de
dos años que me llevó escribir el libro, el amor, o la falta de
él, era un tema central de mis vivencias, y ese distanciamiento
del que hablas, esa incredulidad con respecto al Amor (en
mayúsculas), era mi único modo de enfrentarlo como tema.
En general, cuando
empezamos a escribir estamos muy preocupados con encontrar
nuestros temas, nuestro estilo, nuestra voz. Y creo que ese
tema no nos ha de quitar ni un minuto de sueño. Hay que ocuparse,
eso sí, de luchar por la naturalidad, de ser fieles a nosotros
mismos, de escribir de lo que de verdad nos toca, nos mueve, desde
esa posición y ese lenguaje que son propiamente míos. El resto
viene solo.
P: Hay otro aspecto que
sorprende dentro del libro Amor del Bueno... Mira, es insólito
que los personajes de tus cuentos se digan te quiero, te
amo...
Resulta extraño, sobre todo en una sociedad contemporánea como
la que nos ha tocado vivir en la que el sentimentalismo está casi
mal visto... Y ahí, para mí, radica la originalidad de tu
narrativa. Pero... esos te amo, esos te quiero,¿son
intencionados; es tu apuesta; o es una enunciación irónica, casi
expresionista?
R: Los
personajes de estos cuentos dicen tantas veces te amo, porque
no se lo creen. Viven amores difíciles, transitorios,
fragmentados, a veces imposibles, y siempre egoístas, como esta
realidad nuestra contemporánea. Necesitan declarar te amo, una y
otra vez, para, de ese modo, hacer realidad ese amor al menos por
un instante, ese instante.
Dicen te amo,
pero en realidad quieren decir me gustaría amarte como nos han
contado tantas veces que la gente se ama: sin resquicios,
plenamente, para siempre. Yo creo que esos Te amo son llamadas de
socorro, botellas lanzadas al mar a la busca de otro náufrago, en
medio de tanto anuncio.
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