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Hablamos de amor,
pero de Amor del Bueno, la colección de cuentos de Víctor
García Antón, ganador del Premio Caja España de Libro de
Cuentos 2004. El escritor aragonés, residente en Madrid
(España), nos cede uno de sus relatos
El Amor Es Sólo Tiempo, y también estas palabras.
PREGUNTA:¿Por qué tus cuentos
circunnavegan sobre este tema tan literario, como es el amor?
RESPUESTA: Me he centrado en el
amor para ver si, de una vez, aprendo un poco. Es una asignatura
que he suspendido varias veces. Desconfío de los autores cuyas
novelas o cuentos parecen decir: "Ven, siéntate, que te voy
a explicar algo que tú aún no sabes". Me atraen mucho más
esos otros libros donde encuentro una voz que se va descubriendo y
aprendiendo, según avanza, según cuenta. Me gusta escribir de lo
que no sé, o mejor aún, de lo que no sé que sé. Me gusta
adentrarme en la espesura, en las zonas de sombra, y hacer
partícipe al lector de esa búsqueda, de esa sensación de
imposibilidad de la claridad completa.
PREGUNTA: El relato que nos has
cedido, El Amor Es Sólo Tiempo, narra una historia de amor entre
dos personajes -vínculo común de los 17 relatos de tu colección
Amor del Bueno-... Hablemos ahora de esos dos personajes, de cómo
funcionan narrativamente, desde el modo en que lo enuncias. ¿Por
qué no tienen nombre, sino atributos (la mujer disfrazada de
novia y el hombre desnudo)? ¿Por qué optas por esta estructura
formal, en casi toda la colección?
RESPUESTA: Los personajes de este
libro de cuentos son casi planos, esquemáticos, un poco de
cartón piedra. Por eso, no tienen nombre, porque me interesaba
dejar claro que cada protagonista no era en ningún caso el
reflejo de una realidad con nombre y apellidos, con un currículo,
un DNI, una familia, un pasado.
Hoy sabemos que esa realidad
redonda y unitaria con la que convivimos diariamente no existe
más que en nuestro imaginario. Me interesaba hacer explícito que
cada personaje es una pura convención, un signo. Que el
protagonista de un cuento se hace y toma volumen en el propio
texto, por lo que dice, por lo que hace, y, sobre todo, por cómo
se dice. Se trataba de avisar al lector a cada momento: ¡Eh, te
estoy contando un cuento!
Porque me encantaría que
también en cada sección de El Corte Inglés hubiera un cartel
grande con el mismo aviso: ¡Eh, te estoy vendiendo un cuento!
Sobre los personajes de este relato, en concreto, me gustó que el
hombre estuviera desnudo, desprotegido, casi animal, me parece que
va bien con su deseo, tan primario. Y que ella apareciera bien
pertrechada con sus arras, su ramo de flores secas, y todos sus
planes de novia y sus deseos tan elaborados. Estaba claro desde el
principio quién se iba a llevar el gato al agua.
P: En los agradecimientos finales
de tu libro, la dédica, hablas del Deseo (en mayúsculas). Lo
digo, porque en El Amor Es Sólo Tiempo los deseos de los personajes
son explícitos, reiterativos, deseos a bocajarro, explosivos, en
definitiva: el hombre desnudo tiene un deseo (sexo) y la mujer
vestida de novia otro (amor idílico por el que hay que esperar el
mejor momento, cuando lo que ocurra coincida con lo que ella ha
soñado que tiene que ocurrir). ¿Crees que no hay cuento sin
deseo manifiesto de sus protagonistas?
R: Un cuento, entre otras cosas,
es el intento de solucionar un conflicto. Tenemos un personaje que
quiere algo que aún no tiene o que ha perdido, y ese deseo es
necesario hacerlo explícito en un cuento, porque es lo que tira
de la historia, lo que la hace avanzar hacia algún sitio, a
menudo desconocido.
En la vida, yo creo que sucede lo
mismo. Somos lo que deseamos. En lo demás, todos vamos vestidos
más o menos igual, acudimos todas las mañanas a los mismos
trabajos, y vemos por la noche los mismos anuncios de televisión.
Pero, en el Deseo somos únicos, somos nosotros. Y me refiero a al
Deseo propio, al de verdad, no ese deseo con minúsculas de que
nos toque la lotería o de comprarnos un ático con mucha luz: ese
casi siempre es el deseo de otro.
El Deseo es lo que nos salva,
creo. Lo que nos compromete y, finalmente, nos mueve a seguir
remando. En cuanto a los dos personajes de este cuento, yo creo
que en el fondo buscan lo mismo: follar, tener compañía. Pero,
lo quieren de manera distinta, con distinto tiempo, de distinta
forma. Ahí creo que estriba la dificultad del amor, en conseguir
ir trabando un texto de pareja que, en una medida u otra, vaya
atando los deseos de ambos. Qué difícil, ¿no?
P: Profundicemos en la forma, en
tu técnica, de El Amor es Sólo Tiempo. Tiene una estructura formal
en la que flota también el fondo (la otra historia). Me llega el
argumento, el de una historia de amor, como todas, llena de
obstáculos. Pero, en este caso, el obstáculo es... ¡una vaca,
que mira a dos enamorados que navegan a la deriva en un bote!
¿Cómo llegas y por qué ha esta fórmula de representación tan
colindante con lo absurdo y cargada de sentido? ¿Es el amor eso,
una deriva llena de obstáculos? ¿Esa es la historia implícita
de tu relato?
R: No estoy muy seguro, pero creo
que este cuento habla de la fuerza que tiene la palabra para urdir
realidades, complicidades, deseos. En este mundo nuestro donde el
mercado arrasa cada rincón de nuestras vidas, la palabra es lo
que nos queda. Sin la palabra nos quedaríamos varados en medio
del océano. De esto no tengo duda.
La vaca, si es un poco absurda...
pues sí. Y muy visual. Para mí la vaca es, en cierto modo, la
sociedad, que está siempre entre nosotros, y nos vigila, y no nos
deja ser nosotros mismos. También la vaca es el símbolo de la
abundancia, de la fertilidad, de la tierra nutricia, pero de eso
me enteré luego. Lo que más me gustó de la historia es que no
se explicara como había llegado a ese lugar la vaca. Parecía
como que todos los botes salvavidas del mundo vinieran con una
vaca rumiante en el centro. Y por eso me pareció que podía ser
una historia de verdad, porque las cosas de verdad no hacen falta
explicarlas mucho.
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