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PREGUNTA:
Comencemos por el origen del cuento La solución de Quim:
¿de dónde surgió la idea? ¿Desde dónde nacen tus
relatos: de una imagen, de una idea que luego vas
escenificando?
RESPUESTA:
La verdad es que no me acuerdo de donde surgió exactamente
la idea de La solución de Quim. Creo que la historia
fue saliendo sola, mientras escribía. Quizá me levanté de
la mesa para ir al baño un momento y ahí se me ocurrió la
parte del desodorante. También creo que es indispensable
estar un poco loco para escribir algunas de las historias
que escribo. A mí se me ocurre ese tipo de cosas como lo de
que dos personajes se carteen a través de un bote de
desodorante porque sería capaz de hacerlo yo misma. Muchas
veces, cuando empiezo a escribir un cuento no se como va a
terminar. En realidad creo que el desarrollo de mis cuentos
de alguna forma sí lo tengo en la cabeza desde el
principio, pero de una forma inconsciente, es como si mi
inconsciente me fuera diciendo cosas, dictando, y yo me
fuera sorprendiendo mientras las escribo, sorprendiéndome
pero a la vez cuando luego lo leo es como tan mío. Y otras
veces la idea surge a partir de un descubrimiento que hago
sobre algo que he visto o sentido un día cualquiera, y se
me ocurre que tengo que contarlo de alguna forma, a través
de una historia.
PREGUNTA:
Leo tu libro y noto rasgos comunes en todos los relatos. Son
historias urbanas, son historias de pareja, de amantes, de
separados, de desconocidos, pero que tienen algo en común:
el absurdo arte de la convivencia que describes. En La
solución de Quim, por ejemplo, el protagonista se ve
inmerso en una situación absurda como defensa ante la falta
de respuestas coherentes a su situación sentimental: él
descubre un pelo ajeno en su bote de desodorante y se cartea
con un supuesto amante de su novia... ¿Cómo te llegan
estas imágenes? ¿Con estructura previa o bien con un
fluido de inconsciencia en la escritura que luego pules?
RESPUESTA:
Con estructura previa casi nunca. En realidad cada cuento ha
nacido de una forma bastante irracional y también de una
manera muy distinta unos de otros. Algunos los escribí del
tirón y tenía claro desde el comienzo la idea que quería
trasmitir. Otros los comencé porque se me metió en la
cabeza un párrafo como comienzo para una historia y no podía
seguir viviendo ni concentrarme en otras cosas si no lo
escribía y escribía una historia a partir de él, y quizá
le di muchas vueltas, lo trabajé mucho hasta que me gustó,
o quizá me salió de golpe, como un estornudo, y lo acabé
en una mañana sin levantarme de la silla. He pasado mucho
tiempo con algunos relatos, menos tiempo con otros, y eso no
tiene que ver con los que me gustan más, o menos. En
realidad todos tenemos historias dentro, muchas historias
porque tenemos ideas, tenemos formas de divertirnos, de
pensar, de reflexionar, y formas de ver la vida, solo hay
que soltarlas.
P:
En la mayoría de los relatos de la colección La mujer
sin memoria..., excepto en uno, utilizas un narrador en
tercera persona, que a ratos es sabelotodo y a ratos entra y
sale de los pensamientos de sus personajes. ¿Te sientes cómoda
con este tipo de narrador o bien lo sostienes porque te lo
pide la historia? Lo digo porque trazas muy bien el retrato
de los protagonistas... Aludes a lo que desean, luego el
narrador se separa de ellos y los mueves en escenas en las
que el lector se siente extrañado con ellos... Por ejemplo,
en La solución de Quim: “El gesto se le queda [a
Quim] como roto o descreído. Luego se restriega la cara,...
como queriendo borrarse con ello el rostro. (...)/ Cuando
Quim se queda en casa de su novia usa el champú nutritivo
de ella (...)
R:
Me siento cómoda con este narrador en este tipo de
historias, aunque también deseo explorar otros. Lo que pasa
con este narrador es que al ser un poco el sabelotodo, es
decir, que sabe más quizá que sus personajes sobre ellos
mismos aunque a veces también se sorprenda con ellos, pueda
parecer que está por encima. No me gustaría dar esa
impresión como de una forma de superioridad, pero en
realidad me parece bastante natural que si yo invento el
personaje deba saber más de él que quizá él mismo. Es
decir, que me parece el tipo de narrador más elemental y fácil,
el más espontáneo que se me ocurre. Me sale muy natural.
De todas maneras tengo muchas ganas de investigar con otros
narradores.
P:
El uso de este narrador que se interna y se aleja hace que
tus relatos tengan cierta extrañeza... Si alguien los
leyera con la solapa oculta no sabría si los textos están
escritos por un autor o, en este caso, por ti, una autora...
Pero también genera retratos de los protagonistas que van
desde dentro (su sicología) hacia fuera (su comportamiento
con el mundo)... ¿Esto es intencionado o te sale por
intuición?
R:
Me sale por intuición. Solo son intencionados los
comportamientos de los personajes en su desarrollo a través
de la historia hasta el final, porque en realidad en cada
historia estoy queriendo decir algo.
P:
La solución de Quim y prácticamente los catorce
relatos de la colección La mujer sin memoria mantienen
rasgos comunes: la distancia y el acercamiento, pero desde
distintos puntos de vista. En dos desconocidos emerge el
amor platónico en un tren
(35 kilómetros); una pareja opta por el
silencio como fórmula de mantenerse unidos y luego es
realmente lo que los distancia (Cercanías); una
pareja, que se ha separado, un día se reencuentran, se
perdonan y se dicen adiós para siempre, pero quisieran
volver a intentarlo (La visita)... ¿Coincides
con esa apreciación en que la distancia y la cercanía son
los ejes de tus relatos?
R:
La distancia y la cercanía son los ejes de la vida, al
menos de mi vida. De esto depende la percepción que podemos
tener de las cosas que nos ocurren. La vida, las personas,
las cosas que pasan, son totalmente distintas si las ves
desde la distancia o si las ves de cerca, si las sientes
dentro de ti, a mí me gusta combinar las dos formas.
P:
La mujer sin memoria, relato que da título a la
colección, me parece el mejor de los catorce, en mi opinión,
por esa atmósfera asfixiante que lleva al lector hacia el
embudo de angustia que es el presente perpetuo (no hay
pasado ni futuro y persiste continuamente el presente de
felicidad o infelicidad. ¿Cuál es tu relato preferido de
esta colección?
R:
Tengo muchísimo cariño a casi todos los relatos de esta
colección porque me he dejado el alma en ellos. Cada uno
tiene su historia, la que cuento, lo que estaba viviendo en
esos momentos, lo que me dijo la primera persona que los leyó.
Y si hago un esfuerzo, en este momento te puedo decir que
mis preferidos son La visita, La mujer sin memoria,
Dos palomas intentado saber, La meseta...
Dentro de un tiempo quizá te diría otros títulos.
P:
¿El relato es el género literario donde te sientes más cómoda?
¿Por qué crees que el lector en España es reticente al
cuento como opción de lectura?
R:
Porque a la gente le gusta la comodidad, y una novela,
muchas novelas, son algo cómodo que hasta te permite
desengancharte mientras las estás leyendo cuando hay algún
pasaje que te aburre. En un relato no, ahí no te puedes
permitir ponerte cómodo. Un cuento sabes que en cualquier
momento se acabará, que se acabará enseguida, y a nadie o
a casi nadie le gusta que las cosas se acaben enseguida,
gusta más la seguridad y la estabilidad, un cuento es casi
una sacudida. Al cuento hay que cogerlo con otra actitud,
quizá de una forma más salvaje... Además, también creo
que en España no hay costumbre de leer cuentos, quizá
mucha gente no ha tenido la oportunidad de leer a Carver, o
a Cheveer, a Arreola, o a Quim Monzó.
P:
¿Después de ganar el Premio Narrativa Caja Madrid con este
libro de relatos, darás el salto a la novela o seguirás
perseverando en el cuento como género de expresión
literaria?
R:
-Lo quiero todo- dijo ella, y siguió recolectando
saltamontes...
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