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  Revista de Curiosidad Literaria

Quizás sea JULIO de 2005

 
       
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AÑO VI / Número 0056

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AVIADORES

"EL RELATO EXIGE, COMO EL POEMA, 
LA BÚSQUEDA CONSTANTE DE LA PALABRA EXACTA"

Texto por David González T.

SEGUNDA PARTE DE LA ENTREVISTA

Aviadores: PILAR ADÓN.

 

Vuelos de Julio 2005

 Entrevista: Pilar Adón (I)

"Un personaje que no dudase me parecería poco verosímil".

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Entrevista: Pilar Adón (II)

El relato exige, como el poema, la búsqueda constante de la palabra exacta". LEER +
 
Inglés (Viajes Inocentes)
Relato cedido por Pilar Adón a www.aviondepapel.com
 
Historias de Londres, 
Doris Lessing
Un análisis realizado
por Pilar Adón. LEER +
 
Biografía y foto de Pilar Adón
 
Lee la reseña de `Viajes Inocentes´ de Pilar Adón
 
Lee `Ficcioneros ', 
un proyecto editorial de relatos de autores reunidos por casualidad por Internet
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
PREGUNTA: Hay una palabra que se repite a lo largo y ancho de Inglés, relato incluido en Viajes Inocentes: el verbo comenzar. Como si de forma subliminal estuvieras diciéndole al lector que la historia de Peter, su deseo de unas vacaciones perpetuas y su deseo de encontrar esa pieza del puzzle que nos falta, es posible y sólo hay que "comenzar un juego de seducción"... 

RESPUESTA: El verbo "comenzar" se repite mucho en todos los relatos de Viajes inocentes por una razón evidente: los relatos describen viajes iniciados por personajes que, generalmente, no son felices, y que comienzan una nueva vida de peregrinaje o de asentamiento en un lugar hasta el momento desconocido para ellos, lo que tampoco les garantiza la felicidad, y ellos lo saben, pero al menos intentan hallar entre los nuevos paisajes un estado de ánimo que difiera de la frustración que han soportado hasta el momento. 

Los desplazamientos físicos, como el que realiza Peter en Inglés, me han aportado una valiosísima excusa para mostrar el estado de confusión y de frustración existente en la vida de cada uno de los personajes. Dicho desplazamiento despierta un nuevo estado de conciencia que puede ser bueno o malo, positivo o definitivamente demoledor: eso es algo que, al final del relato, va a quedar en manos del propio personaje o del lector. 

En cualquiera de los casos, se producirá una alteración en su existencia gracias al viaje, y una nueva vida va a comenzar a partir de entonces. 

PREGUNTA: Esta idea se repite en todo el libro, Viajes Inocentes. Pero cuéntanos... ¿Cómo surgió esta idea de enlazar un relato con otro, mediante un objeto común (o una imagen) que cierra un cuento y comienza el próximo? Leemos el primer relato del libro, El final de la Temporada de Baile, y su último párrafo muestra "hojas marchitas" y en el segundo relato, La Porción de Tarta, lo comienzas con "hojas secas" y así sucesivamente durante toda la colección, con finales en los que terminas, por ejemplo, con una fotografía y empiezas el siguiente cuento con otra fotografía... 

RESPUESTA: En Viajes inocentes esa conexión entre los relatos es evidente, ya que todos ellos tratan el tema del viaje, del desplazamiento, y del comienzo de una nueva existencia para los personajes. Pero lo cierto es que si no se hubiera dado esa conexión, no sólo argumental, sino también atmosférica, si los once relatos que componen la selección no hubieran compartido un espíritu narrativo, unas aspiraciones estilísticas similares, "Viajes inocentes" nunca habría existido como libro. 

P: ¿Crees que cada colección de relatos debe tener un hilo conductor, algo en común que una los cuentos y no que los reúna? 

R: Los relatos que componen una antología, creo, jamás se presentan aislados unos de otros. Ocurre algo parecido con los poemas que componen un poemario. Uno te lleva a otro y cada verso te evoca otro anterior. 

Los relatos, a pesar de estar escritos a lo largo de distintos viajes, incluso en años diferentes, están vinculados, como decía, no sólo porque sean todos ellos relatos de viajes, sino también porque la sensación de pérdida en cada uno de ellos, la frustración de la que se quiere huir, el deseo de comenzar a vivir algo novedoso, el ansia de aprender, de no estancarse, y el miedo a lo desconocido que ese mismo ansia produce, el terror a perder el control que siempre tenemos sobre aquello que conocemos, son impresiones constantes. De esta forma, el libro se convierte en una reunión de sensaciones afines, pero con escenarios y personajes distintos. 

P: En Viajes Inocentes, cada relato está precedido de un poema. ¿Por qué? ¿Ves más cercano el cuento a la poesía o a la novela? 

R: El relato está dentro del ámbito de lo puramente narrativo, como la novela, pero exige, como en el poema, la concreción y la búsqueda constante de la palabra exacta. El relato se presta especialmente a la intensidad por su misma estructura breve y, en el caso de Viajes inocentes, decidí incluir poemas tras los relatos con la intención de prolongar esa misma intensidad de la narración más allá del propio texto. 

Lo que me propuse fue que el relato, de alguna forma, continuara como idea y, sobre todo, como imagen incluso una vez concluido. El lector puede reconocer en los poemas aspectos esenciales de la narración previa. Puede ver al personaje central o un fragmento del paisaje predominante o, simplemente, puede mantener vivo el ambiente que se intuía en el relato. 

Siempre he pensado que resulta indispensable crear un ambiente característico en una narración, porque es lo que permanece en la retina del lector más allá de los nombres de los personajes o de sus características físicas. El aroma de un lugar, los sonidos o los colores que se haya logrado transmitir permanecen para siempre. 

P: ¿Qué lee ahora Pilar Adón? ¿De dónde bebe inspiración? ¿Cuáles son sus próximos proyectos literarios? 

R: Ahora estoy absolutamente fascinada por la obra de Iris Murdoch. No puedo afirmar ni tampoco negar con rotundidad si lo que estoy leyendo me va a influir en mi siguiente novela, aunque supongo que sí. La biografía de un lector se compone a partes iguales de lo realmente vivido y de lo leído. 

Del mismo modo en que me han influido autores como Virginia Woolf, Marguerite Duras, Paul Bowles o Toni Morrison, cuyas obras devoré en el pasado, imagino que en el futuro las nuevas lecturas y los nuevos descubrimientos -que siguen llevándome a nuevas obras y nuevos autores-, continuarán influyéndome, no ya estilística o argumentalmente, sino como fuente de estímulo y de entusiasmo creador. 

En la actualidad, cuando leo a Iris Murdoch hay veces en que, de repente, me descubro sonriendo o asintiendo con la cabeza. Ante un giro o una frase que roza la perfección es muy difícil no sonreír. Creo que esos momentos de conexión literaria, el inmenso deleite que aportan, rozan lo que conocemos como felicidad. Una especie de serenidad ante lo extraordinario. 

P: Para finalizar, permíteme que retome el análisis de Inglés, su espacio literario. Lo primero que me llega de tu cuento es "ese lugar no menos extraño llamado Sheerness-on-Sea". Háblanos de ese juego de casualidades, un pueblo que recientemente ha saltado a las noticias de todos los periódicos internacionales por la excentricidad de ese personaje llamado pianoman... 

R: Efectivamente, se trata de una curiosa casualidad. Hace años, en mi primer viaje a Londres, quise hacer una excursión para ver el mar, y fuimos a parar a la Isla de Sheppy, que no está demasiado lejos de Londres, y a la que se accede por un puente impresionante sobre el mar. Allí está Sheerness, y nuestra intención era quedarnos, al menos, una noche, en el camping. 

Pero, para nuestra sorpresa, el camping estaba absolutamente vacío, y aquello no nos gustó demasiado. La sensación de soledad, en aquel inmenso campo desierto que daba a un acantilado, era excesiva para una estancia medianamente placentera. Hacía, además, demasiado viento y el propietario no fue muy amable. Así que decidimos regresar a Londres ese mismo día. Todo fue muy precipitado y, mientras estábamos haciendo el camino de regreso hasta la parada de autobús que nos llevaría a la estación de tren, unos niños (dos niños y una niña, los recuerdo perfectamente) nos dijeron que el último autobús estaba a punto de salir y que debíamos darnos prisa. 

Nos llevaron a través de unos campos separados unos de otros por unas vallas que debíamos saltar (supongo que para ellos aquello fue toda una aventura; para nosotros, ahora, en la distancia, también). En algún momento me dio por pensar que, tal vez, aquellos niños tan sólo estaban jugando y que, lo mismo, nos llevaban justo en dirección contraria. 

Pero no: llegamos justo cuando el autobús en cuestión estaba saliendo, y recuerdo que uno de los niños extendió un brazo y con un grito le pidió al conductor que detuviera el vehículo. Luego nos acompañó a la entrada y, cuando yo estaba subiendo, a toda prisa, y le daba las gracias, aquel niño sonrió enormemente e hizo un gesto con la cabeza propio de una persona adulta. 

Peter, el protagonista de Inglés tiene una influencia muy evidente de aquel niño tan cortés, que nos ayudó de aquella manera tan desinteresada, en lo que pareció una aventura propia de Los Cinco. Es un personaje muy relacionado con el viaje, con la eterna juventud, como yo mantengo a aquel niño y aquel episodio en el recuerdo. Alguien que no va a crecer nunca.

   
 

LEE LA PRIMERA PARTE DE LA ENTREVISTA

 

 

 

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