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PREGUNTA: Hay una palabra
que se repite a lo largo y ancho de Inglés, relato
incluido en Viajes Inocentes: el verbo comenzar. Como si de
forma subliminal estuvieras diciéndole al lector que la historia de
Peter, su deseo de unas vacaciones perpetuas y su deseo de
encontrar esa pieza del puzzle que nos falta, es posible y sólo
hay que "comenzar un juego de seducción"...
RESPUESTA:
El verbo "comenzar" se repite mucho en todos los relatos
de Viajes inocentes por una razón evidente: los
relatos describen viajes iniciados por personajes que,
generalmente, no son felices, y que comienzan una nueva vida de
peregrinaje o de asentamiento en un lugar hasta el momento
desconocido para ellos, lo que tampoco les garantiza la felicidad,
y ellos lo saben, pero al menos intentan hallar entre los nuevos
paisajes un estado de ánimo que difiera de la frustración que han
soportado hasta el momento.
Los desplazamientos
físicos, como el que realiza Peter en Inglés, me han
aportado una valiosísima excusa para mostrar el estado de
confusión y de frustración existente en la vida de cada uno de
los personajes. Dicho desplazamiento despierta un nuevo estado de
conciencia que puede ser bueno o malo, positivo o definitivamente
demoledor: eso es algo que, al final del relato, va a quedar en
manos del propio personaje o del lector.
En cualquiera de
los casos, se producirá una alteración en su existencia gracias al
viaje, y una nueva vida va a comenzar a partir de entonces.
PREGUNTA: Esta idea se
repite en todo el libro, Viajes Inocentes. Pero cuéntanos... ¿Cómo
surgió esta idea de enlazar un relato con otro, mediante un objeto
común (o una imagen) que cierra un cuento y comienza el
próximo? Leemos el primer relato del libro, El final de la
Temporada de Baile, y su último párrafo muestra "hojas
marchitas" y en el segundo relato, La Porción de Tarta,
lo comienzas con "hojas secas" y así sucesivamente
durante toda la colección, con finales en los que terminas, por
ejemplo, con una fotografía y empiezas el siguiente cuento con otra
fotografía...
RESPUESTA:
En Viajes inocentes esa conexión entre los relatos es
evidente, ya que todos ellos tratan el tema del viaje, del
desplazamiento, y del comienzo de una nueva existencia para los
personajes. Pero lo cierto es que si no se hubiera dado esa
conexión, no sólo argumental, sino también atmosférica, si
los once relatos que componen la selección no hubieran
compartido un espíritu narrativo, unas aspiraciones
estilísticas similares, "Viajes inocentes" nunca habría
existido como libro.
P: ¿Crees que cada
colección de relatos debe tener un hilo conductor, algo en
común que una los cuentos y no que los reúna?
R:
Los relatos que componen una antología,
creo, jamás se presentan aislados unos de otros. Ocurre algo
parecido con los poemas que componen un poemario. Uno te lleva a
otro y cada verso te evoca otro anterior.
Los relatos, a
pesar de estar escritos a lo largo de distintos viajes, incluso en
años diferentes, están vinculados, como decía, no sólo porque
sean todos ellos relatos de viajes, sino también porque la
sensación de pérdida en cada uno de ellos, la frustración de la
que se quiere huir, el deseo de comenzar a vivir algo novedoso, el
ansia de aprender, de no estancarse, y el miedo a lo desconocido que
ese mismo ansia produce, el terror a perder el control que siempre
tenemos sobre aquello que conocemos, son impresiones constantes. De
esta forma, el libro se convierte en una reunión de sensaciones
afines, pero con escenarios y personajes distintos.
P: En Viajes Inocentes,
cada relato está precedido de un poema. ¿Por qué? ¿Ves más
cercano el cuento a la poesía o a la novela?
R:
El relato está dentro del ámbito de lo puramente narrativo,
como la novela, pero exige, como en el poema, la concreción y la
búsqueda constante de la palabra exacta. El relato se presta
especialmente a la intensidad por su misma estructura breve y, en el
caso de Viajes inocentes, decidí incluir poemas tras los
relatos con la intención de prolongar esa misma intensidad de la
narración más allá del propio texto.
Lo que me propuse
fue que el relato, de alguna forma, continuara como idea y, sobre
todo, como imagen incluso una vez concluido. El lector puede
reconocer en los poemas aspectos esenciales de la narración previa.
Puede ver al personaje central o un fragmento del paisaje
predominante o, simplemente, puede mantener vivo el ambiente que se
intuía en el relato.
Siempre he pensado
que resulta indispensable crear un ambiente característico
en una narración, porque es lo que permanece en la retina del
lector más allá de los nombres de los personajes o de sus
características físicas. El aroma de un lugar, los sonidos
o los colores que se haya logrado transmitir permanecen para
siempre.
P: ¿Qué lee ahora Pilar
Adón? ¿De dónde bebe inspiración? ¿Cuáles son sus
próximos proyectos literarios?
R:
Ahora estoy absolutamente fascinada por la obra de Iris Murdoch. No
puedo afirmar ni tampoco negar con rotundidad si lo que estoy
leyendo me va a influir en mi siguiente novela, aunque supongo
que sí. La biografía de un lector se compone a partes iguales de
lo realmente vivido y de lo leído.
Del mismo modo en
que me han influido autores como Virginia Woolf, Marguerite Duras,
Paul Bowles o Toni Morrison, cuyas obras devoré en el pasado,
imagino que en el futuro las nuevas lecturas y los nuevos
descubrimientos -que siguen llevándome a nuevas obras y nuevos
autores-, continuarán influyéndome, no ya estilística o
argumentalmente, sino como fuente de estímulo y de entusiasmo
creador.
En la actualidad,
cuando leo a Iris Murdoch hay veces en que, de repente, me descubro
sonriendo o asintiendo con la cabeza. Ante un giro o una frase que
roza la perfección es muy difícil no sonreír. Creo que esos
momentos de conexión literaria, el inmenso deleite que aportan,
rozan lo que conocemos como felicidad. Una especie de serenidad ante
lo extraordinario.
P: Para finalizar,
permíteme que retome el análisis de Inglés, su espacio
literario. Lo primero que me llega de tu cuento es "ese lugar
no menos extraño llamado Sheerness-on-Sea". Háblanos de ese
juego de casualidades, un pueblo que recientemente ha saltado a las
noticias de todos los periódicos internacionales por la
excentricidad de ese personaje llamado pianoman...
R:
Efectivamente, se trata de una curiosa casualidad. Hace años, en
mi primer viaje a Londres, quise hacer una excursión para ver
el mar, y fuimos a parar a la Isla de Sheppy, que no está demasiado
lejos de Londres, y a la que se accede por un puente impresionante
sobre el mar. Allí está Sheerness, y nuestra intención era
quedarnos, al menos, una noche, en el camping.
Pero, para nuestra
sorpresa, el camping estaba absolutamente vacío, y aquello no nos
gustó demasiado. La sensación de soledad, en aquel inmenso campo
desierto que daba a un acantilado, era excesiva para una estancia
medianamente placentera. Hacía, además, demasiado viento y el
propietario no fue muy amable. Así que decidimos regresar a Londres
ese mismo día. Todo fue muy precipitado y, mientras estábamos
haciendo el camino de regreso hasta la parada de autobús que nos
llevaría a la estación de tren, unos niños (dos niños y una
niña, los recuerdo perfectamente) nos dijeron que el último
autobús estaba a punto de salir y que debíamos darnos prisa.
Nos llevaron a
través de unos campos separados unos de otros por unas vallas que
debíamos saltar (supongo que para ellos aquello fue toda una
aventura; para nosotros, ahora, en la distancia, también). En
algún momento me dio por pensar que, tal vez, aquellos niños tan
sólo estaban jugando y que, lo mismo, nos llevaban justo en
dirección contraria.
Pero no: llegamos
justo cuando el autobús en cuestión estaba saliendo, y recuerdo
que uno de los niños extendió un brazo y con un grito le pidió al
conductor que detuviera el vehículo. Luego nos acompañó a la
entrada y, cuando yo estaba subiendo, a toda prisa, y le daba las
gracias, aquel niño sonrió enormemente e hizo un gesto con la
cabeza propio de una persona adulta.
Peter, el
protagonista de Inglés tiene una influencia muy evidente de
aquel niño tan cortés, que nos ayudó de aquella manera tan
desinteresada, en lo que pareció una aventura propia de Los Cinco. Es
un personaje muy relacionado con el viaje, con la eterna
juventud, como yo mantengo a aquel niño y aquel episodio en el
recuerdo. Alguien que no va a crecer nunca.
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