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Pilar
Adón (Madrid, 1971) confiesa que prefiere "modelar la
irrealidad, lo que podría haber sido" a la biografía o lo
vivido. Afirma que sus relatos nacen desde un personaje hasta el
logro de la primera frase del cuento, sin la cual se ve
"incapaz de sentarse a escribir".
Adón
también nos habla de su reciente libro de cuentos, Viajes
Inocentes, y, en concreto, analiza para www.aviondepapel.com
Inglés, relato de dicha colección que trata sobre el deseo
hedonista de Peter de eternizar las vacaciones como forma de vida.
Este personaje nació, literariamente, en la isla británica de
Sheppy, ahora mundialmente conocida por pianoman, un hombre sin
memoria que toca el piano para comunicarse. Pilar
Adón: aquí están sus palabras.
PREGUNTA: Veo Inglés
-todo el libro Viajes Inocentes gira en torno a esto- como
una historia de personajes que desean postergar el goce de las
vacaciones, la felicidad, el instante hedonista, como si con
ello suplantaran un descontento con su "otra" vida
convencional...
RESPUESTA:
Todos los relatos de Viajes inocentes utilizan el viaje como
excusa para conseguir un cambio evidente y definitivo en la
situación previa de cada uno de los personajes. El viaje implica
una ruptura con la rutina, con la monotonía diaria, y me he servido
de esta ruptura para mostrar las insatisfacciones y frustraciones de
los seres que pueblan estas historias. En algunos casos, como en Inglés,
el viaje se produce en época estival -como casi todos los que nos
podemos permitir actualmente-, y sí, como dices, se produce en
Peter, el personaje central, un deseo de prolongar la
irresponsabilidad y el esparcimiento de las vacaciones más
allá de lo habitual. Sufre una especie de síndrome de Peter
Pan.
PREGUNTA: ¿Por
qué esa voz de narradora en primera persona? ¿Era necesario para describir
a Peter mediante un contrario, alguien en el que ves reflejado
-como en un "espejo esmaltado"- lo que el otro no es? No
sé, la voz femenina que narra se debate entre el escepticismo y el
"debería regresar a Madrid" (pero aún no regresa),
"debería olvidarme de los escarceos de verano"... y
"alguien opuesto a él" (Peter). ¿Has intentado
premeditadamente describir el deseo de Peter, enfrentándolo con su
contrario, esa voz femenina que narra? ¿Es éste un relato de
caracteres opuestos para mostrar, y que así sea más visible,
una filosofía de vida, otra al margen del actual sistema
(outsider)?
RESPUESTA:
En realidad, ambos personajes comparten una misma pretensión: ambos
desean perpetuar el verano y una situación de idílico descanso y
de mutua amistad, pero, mientras que Peter se lanza de una manera
inconsciente, sin paracaídas, a la consecución de sus objetivos,
sin querer pensar en el aspecto más negativo de su empresa, ella,
la narradora, a pesar de desear lo mismo, se centra, como tú dices
en un perpetuo "no debería", "no tendría que…",
fijándose continuamente en ese lado más disciplinado, propio de
una mujer más experimentada que sabe que el verano se acaba y, con
él, el sol y los días eternos y la animación. Ella es el
contrapunto de Peter, pero no de una manera absolutamente sincera
ya que, como decía, ambos desean lo mismo. Por eso ella actúa como
lo hace.
P: ¿Cuánto
hay de biografía en tus relatos? ¿Eres de las escritoras que
defenestran ese tópico de: "no debo escribir sobre lo que no
conozco"? ¿O eres una escritora que viaja para narrar?
R:
No "viajo para narrar", pero cuando viajo no puedo
evitar hacerlo. Puedo estar tres o cuatro días simplemente
leyendo y observando lo nuevo que va surgiendo a mi alrededor, pero
luego empiezo a emborronar alguno de los cuadernos que siempre
llevo conmigo y, de esas anotaciones, a veces surge un relato
completo, a veces el germen de una futura narración, sea relato o
novela, o un poema. No suelo narrar acontecimientos puramente
biográficos, básicamente porque me interesa poco escribir sobre
aquello que ya he vivido.
Prefiero
recrear momentos intuidos, adivinados, que no han sucedido pero
que, por la situación, el ambiente y las expresiones que descubro
en los rostros de los que paseen a mi lado, podrían haber tenido
lugar perfectamente. Madre Medea, por ejemplo, uno de los
relatos que aparecen en Viajes inocentes, surgió de una
reflexión acerca del potencial intelectual del ser humano desde la
infancia, y lo poco que se aprovecha. Lo que luego sucede en el
relato, esa locura que se apodera del niño, surge, como explicaba
antes, de un giro completo hacia la ficción. Creo que me gusta
modelar la irrealidad, lo que podría haber sido.
P: Respecto a
algunos aspectos técnicos... Yo creo que el cuento avanza
por caminos creíbles por ese tono de duda /aceptación... No sé,
se ve que has marcado bien los tiempos con esos modalizadores:
"no menos extraño", "algo raro"... ¿La duda es
vital en tus relatos? ¿Eres de las escritoras que crees que es
mejor "mostrar dudas" que afirmar?
R:
Esa duda de las que hablas, la incertidumbre continua en la que
viven los personajes de mis relatos, es lo que verdaderamente les
hace avanzar. Hay quien afirma que en los momentos decisivos de la
vida, en los momentos de cambio, no se puede dudar: hay que levantar
la cabeza y avanzar. A mí, sin embargo, esta observación me
parece, además de poco práctica, poco interesante desde un punto
de vista narrativo.
Mis
personajes dudan, consideran varias opciones, tienen muy presente su
pasado y lo que les podría deparar cualquier paso al frente. Y, a
partir de ahí, actúan. Un personaje que no dudase a la hora de
tomar una decisión me parecería poco verosímil, porque, pese
a la continua apariencia de seguridad que se nos exige a todas
horas, el ser humano es un ser que duda y luego avanza.
P: Toda esta
cascada de sensaciones que imprimes en Inglés ¿se
fundamentan en un juego de dobles: deseo /frustración;
preocupación /despreocupación... ?
R:
Todas estas consideraciones, que me parecen muy interesantes, creo
que siempre surgen a posteriori. Al menos yo nunca me planteo al
sentarme a escribir si voy a elaborar una obra de contrastes o
de reflexión acerca de la vinculación real entre el amor maternal
(o la falta de dicho amor) y la perversidad de un personaje femenino
que decide asesinar a todos sus amantes después de cenar, por
ejemplo.
Lo
primero que surge, al menos en mi caso, es la idea abstracta de un
personaje que me parece lo suficientemente atractivo (en todos los
aspectos: físico, psicológico, biográfico…) como para plantear
una historia centrada en él, que yo voy a escribir y que un lector
va a leer. A continuación he de conseguir la primera frase del
texto, sin la cual soy incapaz de sentarme a escribir, y
a continuación viene todo lo demás. El juego de dobles del que me
hablas es necesario para mostrar, como decía antes, el diferente
comportamiento de dos personajes que, en el fondo, aspiran a lo
mismo, pero que reaccionan de manera distinta. Ese enfrentamiento
surgió de una manera espontánea en el desarrollo del relato,
porque era necesario para su propia coherencia interna. Sólo
gracias a esa dialéctica la historia avanza hacia el
desenlace.
P: ¿Cómo
llegaste a esa imagen del marinero manco en el final del relato?
¿Por qué algo tan simbólico como una marinero varado
(minusvalía) como Vulcano, el Dios cojo? ¿Por qué esa referencia
a los emperadores romanos? ¿Quizás porque eran hombres que se
creían dioses en la tierra?
R:
He de saber cómo va a acabar un texto desde el primer momento,
desde que comienzo a escribir, y, en el caso de Inglés,
sabía que al final Peter iba a darse cuenta de la inevitable
fugacidad de una despreocupación tan fascinante como la que implica
el periodo estival. Que el verano termina y que la luminosidad se va
agotando paulatinamente para dar paso al otoño es obvio, pero
quería que Peter descubriera algo más, una prueba irrefutable de
que la placidez, a primera vista inacabable, de los lugares costeros
no es tal. Y ahí es donde aparece ese marinero que ha perdido un
brazo.
En
ningún momento busqué un final benéfico para este relato, en el
que los dos protagonistas descubrieran que también para ellos
podría existir un lugar alegre en aquel pueblo; lo que buscaba era
que ambos permanecieran allí, juntos, pero siendo plenamente
conscientes de que, a partir de cierto momento, la existencia diaria
se iba a volver cada vez más común y más rutinaria, al igual que
termina por suceder en cualquier otra parte del mundo, cuando
nuestros ojos se acostumbran a los paisajes que en un principio nos
parecieron tan sorprendentes y nuevos.
En
cuanto a la imagen del marinero como un dios caído, es cierto que
tiene mucho del dios Vulcano, petrificado al recibir la noticia en
la fragua de la infidelidad de su esposa, Venus, con Marte. Ese
mismo desmayo, una especie de dolor paralizante, es el que
experimenta Peter al charlar con un hombre que le muestra,
involuntariamente, que todos sus proyectos son tan sólo quimeras.
Fantasías irrealizables, fruto de demasiadas lecturas. Algo muy
quijotesco, la verdad.
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