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Aviondepapel.com
ISSN 1698 - 4463
Año IX - Nº 85 Marzo 2008
Proyecto de David González T.

 

 

 

AVIADORES [ Entrevistas con escritores]

Pere Calders prologa el mejor de los desenlaces posibles para un cuento: un final abierto

 

 

Por David González Torres

¿Cómo concluye un cuento? ¿Con el desenlace pronosticado por el escritor o bien con la interpretación del lector que prolonga en su imaginación la historia?

Pere Calders (Barcelona, 1912-1994) apostaba por la segunda opción, según se desprende del prólogo de su libro La Ruleta Rusa y otros cuentos.

En dicho prólogo, el cuentista catalán distingue entre dos tipos de finales para un buen relato. Anunciaba así la eterna dicotomía: ¿final abierto o final cerrado?

Calders explicaba que los finales cerrados están más presentes en la cuentística realista, aquella que se traza bajo un planteamiento, nudo y desenlace sin fisuras.

Sin embargo, catalogaba este tipo de conclusiones narrativas como una misión imposible: “En los vericuetos de la vida, cada episodio que se cierra significa que acto seguido empieza otro, el cual hereda sus consecuencias".

"Cada uno de nosotros sólo tiene un final definitivo, y a ello se debe que existan tantas obras cuyos autores se ven obligados a matar al protagonista, por mucho que le quieran”, añadía.

Así, Calders se decantaba por los finales abiertos, aquellos en los que el autor plantea un conflicto, una cadena de sucesos para solventarlo y una puerta entreabierta por donde el lector observa y decide su propio final para la historia.

“Si acepta el juego, siempre le quedará un desafío después de la lectura, una invitación a pensar en soluciones por cuenta propia que le permitan adaptar las salidas a sus preferencias personales. El cuento es un magnífico instrumento para este ejercicio mental. Considero que es conveniente tenerlo presente a la hora de abrir cualquier libro de narraciones breves”, apostillaba Calders.

En la colección de cuentos La Ruleta Rusa, exiten varias muestras de relatos que mantienen esos finales inconclusos. El que da título a la colección, El sistema Robert Hein y muchos otros.

Pero veamos, por ejemplo, uno de los microrelatos incluidos en esta recopilación. Se titula Nunca se sabe. Comienza y termina así:

“De las cuatro ruedas del coche, había una que giraba al revés. Pero era la buena, porque intentaba alejarnos de una curva que nos destrozó”.

El final pactado por Calders, pese a que parece una conclusión de certidumbre, no es tal, debido a esa primera persona del plural que narra y sobrevive.

O dicho con sus propias palabras: “El final abierto deja un margen a la fantasía, lo cual quiere decir que el lector puede participar en él y especular acerca de las posibilidad que ofrece el siguiente acontecimiento”.

 

 

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