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ISSN 1698 - 4463
Año IX - Nº 94 Nov -Dic 2008
Proyecto de David González T.
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Por David González Torres
PREGUNTA: Comenzaré, Óscar, preguntándote el porqué del título de tu libro de relatos, “La marca de Creta” (esa costumbre romana de marcar sus días felices con una piedra blanca)… ¿Cómo llegas a ese título? ¿Quizás por el último relato así titulado en tu colección, que creo que muestra lo que quieres contar en tu libro? ¿De dónde nacen estos relatos?
RESPUESTA: Escogí el título por eufonía y porque me gusta mucho su alusión a la felicidad. Es curioso, pero hasta que no escribí el cuento titulado «La marca de Creta» no pensé en hacer una antología de mis relatos. No sé la razón, pero sentí que ese cuento señalaba un punto de inflexión o, al menos, de reflexión: repasé entonces mi obra de los últimos quince años y elegí los cuentos que más me gustaban, que mejor me retrataban como autor y que, a mi modo de ver, conformaban una suerte de ciclo, de unidad que iba más allá de la simple yuxtaposición de textos dispersos. Siempre pensé en dar a ese libro el título de «La marca de Creta», aunque también me gustaba «La fiesta más divertida» (que es otro de los cuentos).
PREGUNTA: Cuando leo la sinopsis de “La Marca de Creta” me aparece la palabra felicidad… pero tras una relectura de tus cuentos el tema narrativo que más se asoma es la SOLEDAD… Te hablo de relatos como “Maternidad” o “Septiembre”… Poca felicidad hay en ellos y muchos personajes solitarios que buscan irremediablemente cobijo, compañía, amor…, pese a que la felicidad sea tan sólo esos instantes efímeros que vehiculan todo el libro…
RESPUESTA: Tienes razón. Junto a la soledad quizá sea «incomunicación» la palabra que mejor defina la situación de mis personajes, pues muchos viven en pareja pero son incapaces de expresar sus sentimientos. De todos modos, el afán de felicidad es un pálpito remoto que está siempre presente y que hace que sus vidas sean soportables.
P: En los argumentos de algunos de tus relatos aparecen las dolencias físicas de los personajes como motor de la acción, pero también las patologías sentimentales como trampolín de la emoción… (Hablo, por ejemplo, de “Miedo” y los escalofríos del protagonista, o de “Expedición a las cavernas del bacilo Koch” y la tuberculosis…) ¿Conformas de manera premeditada estas dolencias físicas como soporte de la trama de tus relatos para luego retratar emociones?
R: Me interesa mucho la enfermedad. Cambia nuestro carácter, nuestras expectativas, nuestra sensibilidad, nuestra percepción del mundo. Si uno tiene una enfermedad grave en su juventud se enfrenta a la idea de la muerte de una manera que no es simplemente teórica. Todo esto tiene una enorme potencia literaria, si se sabe plasmar sin efectismos ni truculencias, claro.
P: Tus cuentos cuajan porque emocionan… porque abarcas temáticas profundas (relaciones entre padres e hijos, amistades adolescentes, nuevas familias, etcétera) desde lo particular y singular de tus personajes…
R: Esa es la gran arma de la literatura, hablar de lo universal desde lo particular. Los personajes que han llegado a ser arquetipos literarios en realidad tienen una singularidad muy acusada.
P: En algunos de tus relatos (“Septiembre”, “Caribe”, etcétera) también usas la técnica de Hemingway de la teoría del iceberg (omitir información para potenciar dicha emoción)…
R: Por supuesto. Hay cuentos que son pura sugerencia. Todos sabemos cómo un exceso de palabras sofoca la potencia de un relato.
P: También juegas narrativamente con la figura del recién llegado… De personajes que huyen de provincias para encontrar sus tierras prometidas en otros lugares aparentemente más cosmopolitas… Como, por ejemplo, en “La fiesta más divertida”… y en tantos otros relatos… ¿Cuánto de estos cuentos reflejan la autobiografía de Óscar Esquivias?
R: Yo nací en el barrio obrero de Burgos, Gamonal, que era un pueblo en el que se instaló un polígono industrial. Crecí en un ambiente medio campesino (recuerdo un paisaje de trigales, rebaños de ovejas, baños en el río y huertas) y medio suburbial (escombreras, chimeneas, naves fabriles, vías de tren, grúas y asfaltadoras). Todo el mundo había llegado allí a trabajar de fuera (por ejemplo, a mi padre le llamaban «Cuenca» porque procedía de esa provincia), la primera pregunta que nos hacían en el colegio era el nombre de nuestro pueblo, etc. Ir de Gamonal a Burgos nos daba la impresión de viajar a una ciudad extranjera, elegantísima, llena de comercios, de monumentos, de jardines cuidados, de comercios selectos. Parte de esto se refleja en mis cuentos, sí.
P: Desde el punto de vista del narrador, apuestas en muchos relatos por una potentísima primera persona y frase cortas como flashes de recuerdos… Un Yo que narra sus acciones y emociones, pero es un Yo que quizás habla no para el lector sino quizás para él mismo, algo así como una confesión narrativa de sus dolencias… Te hablo, por ejemplo, de “Hijos de Dios”…
R: Creo que todo se debe a la impronta católica del examen de conciencia. Luego, también muy joven, leí a Freud y ahí ya terminé de abonar el campo de la introspección: durante mucho tiempo mi cabeza fue una sucursal del número 19 de la calle Berggasse de Viena y me hacía a mí mismo unos psicoanálisis de lo más apañados (también interpretaba los sueños de mis compañeros de instituto y algún amigo todavía tiene la costumbre de consultarme).
P: Cuando también rebusco en la autoría de Óscar Esquivias descubro a un autor pródigo en el género de la novela (sumo casi una decena)… y, posiblemente, para muchos lectores y escritores les resulte extraño que un novelista publique un libro de cuentos tal y como se están radicalizando las posturas literarias en torno a los géneros (algo, a mí parecer, que es anacrónico). Este trasiego de la novela al cuento es un hecho que está, digamos, de moda entre muchos autores… (el viaje inverso hacia el relato)… ¿Por qué crees que se está produciendo?
R: Sinceramente, no lo sé. En mi caso, yo no me considero ni cuentista ni novelista, sino simplemente escritor. No elijo a priori el género de mis historias: cada idea impone su desarrollo, las hay que necesitan una extensión larga y minuciosa y otras surgen como un fogonazo y es en su brevedad donde reside su fuerza poética. Por supuesto, también estoy convencido de que no hay géneros mayores y menores: nadie echa de menos las novelas que no escribió Borges o las sinfonías que dejó de componer Chopin. A mí, como creador, lo único que me interesa es ponerme al servicio de mis ideas y personajes, y no doy mayor importancia, si para ello tengo que escribir cuentos, epopeyas o fandangos.
P: Finalmente, imagino que ganar el Premio Setenil 2008 al mejor libro de relatos, en los que estaban incluidos autores finalistas como Quim Monzó y otros libros fuera de la final con escritores como Vila Matas, habrá confirmado este acierto de tu viaje de la novela al cuento… ¿Qué hizo Óscar Esquivias cuando le comunicaron el resultado del premio?
R: Me sentí muy sorprendido y feliz. Entre los libros finalistas –y entre los que lo hubieran podido ser– había obras maravillosas. Desde luego, he sentido que el premio es un espaldarazo a mis cuentos y me siento muy agradecido por ello.
P: Si uno entrara en la biblioteca doméstica de Óscar Esquivias, ¿qué libros de cabecera encontraría? ¿Y si curioseara en su ordenador, qué nuevas historias encontraría: novelas, cuentos, poesía?
R: Mi biblioteca está repartida entre mi casa madrileña, la de mis padres de Burgos y la de mis abuelos en el pueblo. Los últimos libros que he leído son «La chica de la bolsa de peces de colores» de Eduardo Fraile, «Ropa tendida» de Eva Puyó, «Contento del mundo» de José Sánchez Pedrosa, «La caída de Constantinopla (1453)» de Steven Runciman y «No hay ladrón que por bien no venga» de Dario Fo. Estos cinco libros me han hecho inmensamente feliz. Por otra parte, en mi ordenador hay muchas carpetas abiertas. La que tiene más movimiento últimamente es la que se titula «Teatro». A ver qué sale.
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Óscar Esquivias es el autor de la colección de relatos La marca de Creta, Premio Setenil 2008 al mejor libro de relatos.
Entrevista con Óscar Esquivias
Lee Maternidad, relato de La marca de Creta, cedido por el autor a Aviondepapel.com