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PREGUNTA:
Al protagonista de La Curvatura del Horizonte, Marco, se lo
ve como un hombre frustrado (abandona el trapecio -¿era de verdad
trapecista o sólo es un sueño camuflado en su inconsciente?- y
se convierte en arquitecto para crear alturas que ya no podrá
sortear). "había cambiado las alturas de las carpas por las
montañas, las nubes y los ángeles..." que vuelve hacia las
alturas como destino final. ¿Es así?
RESPUESTA:
En efecto, no es un sueño, ni siquiera una metáfora. Los
pasos que cada persona sigue en su vida encierran una lógica
particular, como el que vive de realizar trabajos verticales
en la gran ciudad y los fines de semana se libera de su trabajo
acudiendo a la montaña para hacer escalada. Marco igual, las
alturas son su hábitat, el medio con que está familiarizado,
donde mejor se siente, como el pez en el agua. Aunque pueda sonar
lírico, hay quienes prefieren contemplar la vida desde arriba.
Dice la narrativa cinematográfica que el plano picado o
cenital resta importancia al retratado y dota de superioridad al
que aguarda tras la cámara.
Sí,
en cierto modo Marco regresa a su estado original y se cierra un círculo.
Me atraen especialmente los finales abiertos y los bucles que
son susceptibles de perpetuarse hasta el infinito. De esta
manera se mantiene una relativa fidelidad al carácter del
personaje. Verdaderamente, si partimos de la base que Marco opta
por morir, su destino final son las alturas, las nubes, los ángeles,
el hipotético recorrido que seguiría su espíritu. Que cada cual
saque sus propias conclusiones.
PREGUNTA:
¿De dónde te nació esta excusa argumental del trapecio,
del trapecista, de la curvatura del horizonte, de las
alturas, situaciones que se van repitiendo a lo largo del relato
como una isotopía narrativa?
RESPUESTA:
Es difícil saberlo con exactitud, aunque sí es cierto que el
circo es un tema tan utilizado como sugerente. Y por regla general
yo tiendo a buscar analogías. Soy un gran observador
que prefiere escuchar a hablar y advierto en la realidad un
orden invisible, más allá del capricho del hombre. Muchas veces
me dejo arrastrar por las sucesiones lógicas para ver hasta dónde
pueden transportarme, muchas veces el absurdo. Supongo que hay
mucho de surrealista en mi pensamiento y por ende en la poesía y
la prosa que escribo.
P:
Durante el relato, apenas muestras, sino que con metáforas vas
ocultando las acciones del protagonista o los acontecimientos
que le van a suceder (Marco había alcanzado su
destino con retraso...") No sé si coincides con esta
apreciación. No sé si lo haces porque realmente el protagonista
tampoco sabe por qué ha hecho lo que ha hecho.
R:
Ciertamente, el narrador está del lado del protagonista y sabe
solamente un poco más que él porque la información le llega un
instante antes. El pobre Marco ni sabe ni entiende debido a
las devastadoras consecuencias de su adicción. En su fuero
interno está convencido de que hace bien las cosas, piensa que el
mundo que le rodea le debe una muestra de gratitud e incluso una
disculpa, como el niño que espera que su mamá le dé una
palmadita en el hombro porque ya no despelleja gatos. Volvemos a
lo de antes, por un lado le honra su cambio de actitud, pero por
otro el movimiento se demuestra andando y Marco ha sacado un diez
en teoría pero ha suspendido la práctica con creces.
P:
En cuanto a la artesanía del cuento, avanzas con indicios de lo
que tarde o temprano le ocurrirá al protagonista: Hasta que la
muerte tuviese la desvergüenza de separarlos; O, lo que era lo
mismo, un mal presagio; pero también optas por un final
semicerrado, pero en el que aún no ha sucedido la muerte del
protagonista. Lo digo por ese uso tan notable del subjuntivo, como
conjugación de lo posible, del quizás, de lo que puede estar
sucediendo o sucede: "Tal vez el veinte de noviembre fuese
un buen día para morir", que coloca de nuevo al
protagonista en las alturas y ante algo que él decide a tiempo.
R:
Suelo abrir a propósito fisuras en el puente creado entre
escritor, narrador, personaje y lector. Así, rasgos
personales del autor como, en este caso, la superstición o el
escepticismo van filtrándose paulatinamente y trascendiendo de un
estadio a otro de la historia, con las consiguientes
imperfecciones y disertaciones oníricas. Eso explica que escriba
con la inseguridad del subjuntivo, que adelante acontecimientos y
que proporcione pistas unas veces verdaderas y otras falsas. El
narrador también tiene derecho a equivocarse y a jugar con el
lector. Además, no hay que omitir las diferentes
posibilidades sólo porque al final no se materialicen. ¿Qué sería
del “jardín de los senderos que se bifurcan” de Borges
si no prestásemos atención a los diferentes caminos a seguir?
P: Reiteras eso; en tus textos prefieres sugerir y no mostar...
Me
apasionan los juegos de realidad-ficción, cajas dentro de cajas
dentro de cajas, como muñecas rusas, y al final uno se pregunta
cuánta verdad hay en la mentira o cuánta mentira hay en la
verdad. Por eso prefiero sugerir que mostrar. Y en última
instancia dejar una puerta abierta llama a la reflexión y
obliga al lector
a cerrarla una vez finalizado el relato, de esta forma el
texto sigue vivo más allá de su soporte. Entonces ni el
personaje es tan pasivo porque alberga cierta capacidad de elección
ni el narrador es tan omnisciente ni todopoderoso. La
democratización de los niveles literarios, ¡perdón!
En
cuanto a la frase que cierra el relato, no es más que otro
capricho del narrador. Una vez más hace gala de su parcialidad y
aprovechando que la acción transcurre el veinte de noviembre
celebra a su manera el aniversario de la muerte de Francisco
Franco y tiene la osadía de insinuar un símil entre el
arquitecto y el dictador. Si la primera caída desde el trapecio
habría sido física y literal, la última desde la montaña sería
metafórica: la decadencia, el declive o el ocaso de Marco,
abocado al encierro y al olvido, pero sin necesidad de morir. Sería
así sólo en caso de que él mismo la propiciase.
P:
La Curvatura del Horizonte está incluido en una colección
de relatos titulada Calendario de Amantes y Sombras. Háblanos
un poco de este libro.
R:
Calendario de Amantes y Sombras surge con tres premisas
fundamentales: los relatos no deben superar las cuatro hojas y
deben construirse como si fuesen guiones cinematográficos, versan
sobre encuentros y desencuentros en distintos rincones de Málaga,
mi ciudad natal, con la consecuente dosis de erotismo y se
sustentan en una efeméride, o sea, que cada relato hace un guiño
a un hecho acontecido el mismo día de su confección pero de
cualquier año pasado. Por ejemplo, La curvatura del horizonte fue
concebido el veinte de noviembre, día de la muerte de Francisco
Franco en 1975.
Este
libro se compone de diecinueve relatos y ha obtenido el 1º
Premio del VII Certamen de Libros de Relatos Ilustrados de Badajoz
2004. Y cada texto va acompañado de una magnífica ilustración
del pintor malagueño Pedro
Alarcón.
P:
Y tus próximos proyectos... ¿Novela? ¿Poesía?
R:
Aún sigo matizando algunos pasajes de una novela cuyo germen
ubico durante una estancia de dos meses en La Habana en el año
2002. Es un texto extenso, vicioso y ambicioso que busca
desesperadamente un editor, ahí queda la cosa. De momento se
titula provisionalmente Morir de pie, en clara referencia a
la popular frase de Ernesto Che Guevara, cuyo rostro empapela las
provincias de Cuba. Por otro lado, barajo la posibilidad de
embarcarme en una segunda novela, hay tres ideas por ahí buceando
en carpetas y cartapacios, pero sin dejar nunca de lado la
escritura de relatos breves, el ámbito idóneo para experimentar
a nivel temático y estructural, y la poesía, donde deposito
contados pedacitos de mi corazón.
En
2004 Ediciones Vitruvio tuvo a bien publicarme un poemario
titulado La Progresión del Vacío, cuanto menos inusual y
poco ortodoxo, del que, sin embargo, yo y otros poetas apartados
de la tradición clásica y la experiencia estamos muy
satisfechos.
Y la vida sigue, la carrera de fondo del creador, ingrato
oficio éste que cuando ve la luz tu obra casi reniegas ya de ella.
Al menos eso demuestra que uno no cesa de crecer jamás, rodeado
de poemas, cuentos, guiones cinematográficos y soledad, mucha
soledad.
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