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“El
narrador es un espectador como cualquier otro que como cualquier
mortal se inmuta ante lo que ve y trata de ponerse en el lugar de
sus semejantes, trata de comprenderlos e incluso se apiada de
ellos”. Son
palabras de Nacho Albert
(Málaga; 1974). Este escritor malagueño
nos comenta La Curvatura del Horizonte, un relato incluido
en Calendario de Amantes y Sombras, 1º
PREMIO DEL VII CERTAMEN DE LIBROS DE RELATOS ILUSTRADOS; DIPUTACIÓN
DE BADAJOZ 2004, un texto sobre la trágica historia de amor de
Marco, trapecista frustrado que se consuela siendo
arquitecto.
Contado en tercera persona, el narrador de La Curvatura del Horizonte se instala en la metáfora para esconder los
acontecimientos del personaje o, como explica Albert, “está del lado del protagonista y
sabe solamente un poco más que él porque la información le
llega un instante antes”.
Nacho Albert, que nos adelanta que
está en proceso de terminar “algunos pasajes de una novela cuyo
germen es una estancia de dos meses en La Habana”, se
confiesa “un gran observador” que prefiere escuchar a hablar.
“Advierto en la realidad un orden invisible, más allá del
capricho del hombre”, dice este escritor malagueño.
Aquí
continúan sus palabras, sus reflexiones.
PREGUNTA: En los primeros párrafos de La
Curvatura del Horizonte
flota el odio almacenado que el protagonista siente por un público
de circo que no muestra entusiasmo por sus acrobacias, sino por
la posible tragedia: "Sólo la tragedia ajena era capaz de
saciar su insatisfacción crónica". Tal como he
interpretado el relato en una primera lectura ¿trata de la
frustración de un trapecista que se convierte en arquitecto? ¿Cómo
llegas hasta esta idea argumental?
RESPUESTA:
Trata de la frustración de un trapecista no por el mero hecho de
ser trapecista, sino por comprobar cómo ha degenerado su público.
Y el relato parte de un pretexto. El trapecista podría ser
igualmente un pintor o un bailarín, cualquiera entregado a un
oficio artístico que por culpa de su frustración se ve en la
ingrata obligación de aplicar sus conocimientos sobre la
perspectiva y el espacio a una disciplina más marcial y menos romántica
como la arquitectura. Que no me lea mi hermano, exultante
arquitecto.
PREGUNTA:
¿Cuál es la metáfora; esa metáfora con la que Marco había
tropezado "la noche anterior"?
RESPUESTA:
Marco es entre otras cosas un bebedor impenitente. Las buenas
intenciones que alberga durante el día se disipan a medianoche en
el fondo de una botella, sintomático de los seres adictos cuya
adicción no es la causa de nada, sino la consecuencia de todo. Es
un ser desesperado y enfadado consigo mismo que es capaz de
cualquier cosa. Así que la piedra con la que tropieza cada
noche no es más que su dependencia del alcohol y las metáforas
que acaban siempre partiéndose su propósito de enmienda.
P:
¿Qué es para ti la frustración: es ese camino que llega hasta
la violencia si no se le pone remedio?
R:
No hay duda de que de la frustración se desprende el odio.
Si éste no es liberado puede provocar un comportamiento violento.
Un pecado sin purgar se pudre en el interior del cuerpo y aflora
de cualquier manera, peor aún si se adereza con sustancias cuyos
efectos anulan la voluntad. De este modo, Marco sufre episodios
que no recuerda, dramáticos sucesos que en la historia funcionan
por omisión.
P:
¿Es La
Curvatura del Horizonte,
también, un relato que habla sobre las consecuencias de postergar
una decisión?
R:
Justo. Las fatales consecuencias de postergar una decisión
demasiado, sobre todo cuando esta decisión no está del todo
fraguada y no pasa de la mera tentativa, del amago, como cuando
queremos hacer algo pero aún no estamos preparados o cuando
queremos abandonar el hospital y aún no nos han dado el alta. Eso
demuestra que es insuficiente la predisposición y que es erróneo
el refrán Nunca es tarde si la dicha es buena. En este caso, la
dicha es buena, pero también tarde, demasiado tarde para Marco.
P:
A lo largo del relato, usas un narrador sentencioso, muy poético,
muy pegado a los pensamientos del personaje y que casi
se funde con el protagonista: "Algún día nos
sonreirá tanto la vida que nos dolerá el alma". ¿Por
qué este tipo de narrador?
R:
No creo en la objetividad en estado puro, siempre hay un grado
de empatía o por el contrario de aversión o animadversión hacia
uno u otro personaje. Hay hechos ante los que es imposible
permanecer impávido. El narrador es un espectador como cualquier
otro que como cualquier mortal se inmuta ante lo que ve y trata de
ponerse en el lugar de sus semejantes, trata de comprenderlos e
incluso se apiada de ellos. |