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AÑO VIII / Número 0077 / JUNIO 2007

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AVIADORES

La adversidad de lo cotidiano, 
reseña de El síndrome Chéjov, colección de cuentos de Miguel Ángel Muñoz 

Aviadores: Miguel Ángel Muñoz

Reseña escrita por David González Torres

 
 

MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ

Biografía de Miguel Ángel Muñoz
 
Entrevista a Miguel Ángel Muñoz, autor de El síndrome Chéjov
 
Si la hubieras conocido, cuento cedido por el autor a Aviondepapel.com
 
Reseña Aviondepapel.com de El Síndrome Chéjov
 
Ver sinopsis, en Páginas de Espuma
 
El síndrome Chéjov, el BLOG de Miguel Ángel Muñoz
 
 
 

La adversidad de lo cotidiano

“Cuando escribo, confío plenamente en que el lector añadirá por su cuenta los elementos subjetivos que faltan al cuento”. La frase es de Antón Chéjov (Tangarog; 1860). El escritor ruso ha sido –y es- uno de los autores clásicos de culto para muchos otros grandes cuentistas de la narrativa del realismo contemporáneo estadounidense. Hablamos de Raymond Carver, de Richard Ford y de tantos otros. Ahora, la influencia chejoviana también ha llegado a España. Su referente más explícito se llama Miguel Ángel Muñoz (Almería; 1970). Este joven autor publicó en 2006 su primer libro de relatos que, desde el título, ya delimita su propuesta literaria.

El síndrome Chéjov (Páginas de Espuma) reúne 11 cuentos -más un prólogo militante de defensa de este género literario- que, en su conjunto, trazan aquello que algunos críticos denominan el drama existencial de lo cotidiano; es decir, la adversidad de personajes que se enfrentan a la trampa de la vida.

Como Chéjov, Muñoz cree –o, por lo menos, así lo transmite su libro- que los grandes argumentos no tienen por qué circunscribirse a lugares exóticos, a un futuro de odiseas espaciales o a la nostalgia de un pasado histórico. Las emociones humanas siempre se ubican en un presente monótono, escaso de aventuras y abundante de conflictos. ¿Pero no es por sí sola la vida una aventura difícil de superar?

Antón Chéjov siempre comentaba que la gente corriente no realiza hazañas extraordinarias y no dice cosas geniales cada minuto, sino que la mayor parte del tiempo comen, beben, fuman, aman, son banales, mueren... Antón Chéjov narraba con excesivo realismo unas atmósferas paralizantes en las que una pareja o un triangulo amoroso se debatía en una decisión moral: qué debo hacer o qué haré a partir de ahora. La señora del perrito figura entre esos relatos de culto siempre mencionados. Los argumentos chejovianos tenían como antecedente la omisión que explota en alusión. Sus desenlaces invitaban al lector a que les pusiera fin al relato. Eran cuentos con finales abiertos, como la vida misma, donde la emoción es la que marca los tempos.

Hablamos de Chéjov, pero también de Muñoz. Porque el autor almeriense hace suya estas mismas premisas en El síndrome... Sin embargo, traslada sus argumentos a lo contemporáneo. La literatura de Chéjov era el espejo de la decadencia aristocrática en una Rusia post revolucionaria. Muñoz, en su Síndrome, pasea al mismo perro, pero con distinto collar: las clases medias nacidas con el capitalismo, el consumismo y los mitos de la cultura de masas. La decadencia ahora es frustración, agonía, indecisión, monotonía...

En el libro de Muñoz, cualquier gran aventura puede suceder en un supermercado, en el que un joven de clase media trabaja disfrazado con tres disfraces: el de Homer Simpsom, el de Papa Noel y el de su fracaso laboral y sentimental (Soy dueño de la lluvia). Pero también puede desvelarnos el miedo a la emancipación que sufre una pareja mientras comparten una ducha matinal (Unidos); las dudas de un adultero en Zonas de peaje, con un giro de tuerca al final de relato. Más trasgresora puede ser la historia de canibalismo sentimental de El rapto de Woody Allen. Y, más proclive a incorporarse a nuevas antologías del cuento español, el viaje a los infiernos de un conductor de ambulancias que rememora su vida de ángel de la guarda mediante un magistral monólogo interior agónico (Ambulancias).

“Cuando escribo, confío plenamente en que el lector añadirá por su cuenta los elementos subjetivos que faltan al cuento”. La frase, insisto, es de Chéjov. Muchos de los grandes escritores la han convertido en un aforismo de mesa camilla. No en vano, apenas existe un cuentista que no mencione en su primer libro los ecos de sus maestros. No obstante, no hay autor consagrado que los oculte sutilmente a lo largo de su obra posterior.

Muchos críticos están a la espera de que Miguel Ángel Muñoz, después de El síndrome Chejov, escriba en registros más largos (¿una novela?). En cambio, otros tantos lectores –entre los que me incluyo- anhelan historias nuevas, pero mucho más cortas. Es un anhelo compartido. Deseamos, tras la relectura de El Síndrome..., la lectura de novedosas propuestas de Miguel Ángel, en las que se oscurezca un poco Chéjov y se iluminen nuevas patologías narrativas. ¿Para cuándo El síndrome Muñoz? El autor comenta que pronto. Muy pronto.

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