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PREGUNTA:
¿Cómo nació el argumento de La Perla, el Ojo, las Esferas?
RESPUESTA:
No sabría precisar el momento justo en el que surge cada uno mis
relatos, pero en este caso lo recuerdo con claridad. Estaba en una
estación de Metro descubierta de una parte de Londres, que apenas
conocía. Atravesaba la ciudad y me encontraba muy cansado.
Por
deformación, no puedo evitar observar obsesivamente a la gente
con la que me cruzo, y de repente, cuando un leve mareo me estaba
venciendo, y la luz daba a la estación un aire anacrónico, reparé
en un hombre enorme, de pelo blanco y grasiento, probablemente un homeless
o un borracho (o ambas cosas), deslizándose entre mi cuerpo y la
zanja del tren.
Cuando
se volvió hacia mí puede ver, a escasos centímetros de
distancia, que la pupila de uno de los ojos de aquel hombre estaba
velada por una turbia membrana de un color celeste desvaído.
Entonces sentí que aquel ojo pedía un relato.
Ése
fue el instante en el que surgió La Perla, el Ojo, las Esferas, aunque el resto de las ideas que le dan forma al
relato ya llevaban tiempo en mi mente.
PREGUNTA:
Entremos en conceptos formales del relato. Como todo cuento fantástico,
se debe apoyar en la verosimilitud como mezcolanza entre
lo insólito
y lo cotidiano. ¿Cómo consigues, creativamente hablando, que el
relato sea creíble? ¿Optaste, por este motivo, por esa primera
persona y por esos diálogos en los que los personajes relatan sus
historias para que lleguen mejor al lector: que sean los
personajes los que narren –como si se tratara de una narración
oral- y no un narrador omnisciente puro?
RESPUESTA:
El recurso de la voz narrativa en primera persona es fundamental
para hacer creíble la historia que se va a contar, especialmente
si es fantástica. Si se nos presenta un narrador normal, con sus
dudas y sus problemas, con su vida corriente como cualquiera de
nosotros, y se consigue que creamos en él, luego se convertirá
en un testigo fiable de todo lo que le ocurra. Casi siempre que
voy a acometer una historia en la que hay algún componente que
roza lo extraordinario considero como opción más sólida, aunque
no exclusiva, contarla en primera persona. Lo que sí es cierto es
que el narrador omnisciente es algo que me da un cierto repelús,
casi estético.
Quizá
sea una manía, pero un narrador omnisciente me parece una
impostura poco sutil, y hacer llamadas a, por ejemplo, ideas filosóficas
desde la visión de ese narrador se me antoja trivial y fastidioso
(se presta a caer en el monólogo y en la mera exposición de
opiniones personales; las grandes ideas se deben mostrar como
consecuencias de la trama, del acontecer de la historia y de la
vida "real" de los personajes).
Por
otro lado, hay otros elementos a tener en cuenta para disfrazar
de
verosimilitud una historia: el lenguaje no debe sacar al lector
del contexto, no debe distraerlo con irregularidades ni
manierismos; y los personajes que nos conducen por los hechos
deben ser naturales, creíbles, ensamblados (como cuando montamos
un collage) con pedazos de las personas que conocemos, y deben dar
la sensación de venir de un sitio y de ir a otro, de estar allí
antes de la historia, de tener vida propia independiente de la
historia.
P:
Háblanos
de tu libro 88 MILL LANE. ¿Qué tienen en común esta colección
de relatos? ¿Por qué Londres como escenario argumental? ¿Por
ser ésta una metrópoli laberíntica, llena de pequeñas miniciudades
concéntricas?
R:
Las diez historias de 88 MILL LANE tienen mucho en común. Todas
fueron escritas o concebidas en Londres y transcurren allí, pero
no son todos mis relatos de Londres: de todos ellos, seleccioné sólo
los que guardaban mayor afinidad en su estilo y en sus
inquietudes, casi siempre de tendencia fantástica y de curiosidad
metafísica.
En
el prólogo del libro, Pablo De Santis sostiene que elegí Londres
porque una ciudad extraña me permitía mejor imaginar en ella mis
criaturas y sucesos imposibles. Yo no era consciente, pero cuanto
más lo pienso más creo que tenía toda la razón. Además, hay
otros motivos que la hacían la ciudad ideal para este conjunto de
relatos.
Londres,
como gran megalópolis, tiene muchas caras, y eso me permitió
escoger de todas ellas las que más me interesaban: la victoriana
cargada de gentlemen
refinados, selectos clubes, morbo y misterio de Stevenson; la de
aventura intelectual –a la vez que jocosa– de Chesterton; la
de arquitecturas favorables al terror psicológico de Henry James;
la policíaca, la neblinosa, la moderna y la cosmopolita. Me parecía
de lo más sugerente combinar esa atmósfera del XIX que se
desprende de sus mansiones y de toda la literatura anglosajona,
con los nuevos elementos que la convierten en una de las ciudades
más modernas, diversas y convulsas de Europa.
Nada
más unir estas dos visiones en mi mente, las ideas más
extravagantes comenzaban a desperezarse desde algún rincón
oscuro de mi cerebro, y me abordaban sin miramientos allá donde
estuviera. El resultado es un libro escrito desde el placer más lúdico,
y que tiene por toda pretensión despertar las mismas sensaciones
hedónicas en el lector.
P:
¿Cuál es tu próximo proyecto narrativo? ¿En qué está
trabajando ahora Juan Jacinto Muñoz Rengel?
R:
Nunca dejo de escribir relato corto. Es una suerte de vicio,
siento como si hubiera puesto en marcha una máquina de
fabricarlos y no supiera cómo pararla. Tienen la ventaja de que
los puedes terminar en el lapso de unos días y que te dan una
satisfacción más inmediata. Pero además intento combinar esto
con otros proyectos.
Hace
poco terminé una novela juvenil (que también transcurre en
Londres, creo que ha sido mi adiós literario de la ciudad) que no
sé dónde acabará. Y hace años que tengo entre manos el
proyecto de una larga novela que con tono imaginativo transcurre
en los Balcanes y el Mediterráneo del siglo XVI.
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