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PREGUNTA:
¿Cuáles son las influencias literarias de Muñoz Rengel? En
el relato El Ojo, la Perla, las Esferas, de tu libro 88
MILL LANE, resuenan ecos de Jorge Luis Borges, esa manera de
utilizar un género literario concreto como trama (en tu cuento es
el género fantástico), para incrustar un mensaje filosófico en
los últimos párrafos, como ocurre en El Aleph o en El jardín de
senderos que se bifurcan.
RESPUESTA:
Yo era borgesiano antes de conocer a Borges. O, por decirlo a
su manera, acaso yo también sea Borges, y el que haya nacido en
esta época y lugar no sea más que una casualidad. Creo que esta
sensación la hemos tenido todos los que hemos leído a Borges y
nos hemos identificado con él, y ahí radica su universalidad.
Este
relato, en efecto, es un deliberado homenaje a Borges, con guiños
claros, con frases concretas que imitan su forma de hablar, como
“el entero universo”. No obstante, en el resto de mi obra me
intento alejar de Borges, si bien, como sabes, mi formación es
filosófica, y un rasgo sustancial de lo que escribo es que mis
historias se construyen sobre ideas, las cuales, a pesar de la
trama y la vida de los personajes, son siempre la esencia latente
del relato. O mejor dicho: aunque haya un pequeño Borges de
fondo, mi lenguaje se aleja de lo compacto y de lo erudito, y mis
tramas tienden a diluir las ideas en formas más fluidas.
Quiero
pensar que he diluido a Borges con otras influencias, como las de Cortázar, Melville, Chejov o Kafka entre los clásicos, y
Bradbury, Leonard Michaels, Coraghessan Boyle, Bolaño o Monzó,
entre los más actuales.
PREGUNTA:
Tu cuento también está cargado de referencias filosóficas o
metafísicas: el universo es un laberinto infinitesimal / (un
universo) una forma puede contener otra, millones de veces
mayor...
RESPUESTA:
Sí, todas esas referencias están en La Perla..., lo
que no quiere decir que yo crea en ellas como verdades filosóficas.
También hay otras referencias presentes, como el relativismo
(perceptivo, científico, moral), o la posibilidad de que todo sea
distinto, de que seamos de una forma distinta o seamos los otros.
P:
Al
igual que Borges utiliza los objetos mágicos (un puñal, el
manuscrito perdido, etc.), tú te decantas por una perla (objeto),
pero avanzas con otro giro argumental: el ojo de un hombre
(sujeto). ¿Es esta metáfora la esencia de tu relato: un hombre
se suicida porque no puede soportar su mundo, su universo interior
del que se siente responsable –una idea que rompe con los
pilares del Humanismo-?
No
sólo Borges, todos los cuentistas clásicos han utilizado siempre
pequeños objetos para tejer sus relatos en torno a ellos. El
relato corto necesita de pequeñas cosas para construirse de una
forma definida: el álbum, el beso, el camaleón, la máscara, son
por ejemplo algunos títulos de Chejov. En mi historia, me pareció
interesante que el objeto pudiera ser una parte de uno de los
protagonistas, una parte del cuerpo como nexo de unión entre el
mundo exterior y el interior. De esta forma, se pueden alumbrar
otros aspectos, como el perspectivismo y la limitación del
conocimiento humano, o como el peso moral de cada uno de nuestros
actos en una realidad en la que cada minúsculo movimiento tuviera
un sentido.
P:
¿Por qué ese final tan abierto y sobrecogedor, donde el
propio personaje narrador también se siente como si formara parte
de otro minúsculo universo?
R:
El giro del final del relato tiene un poco la misma intención
que tuviera Jonathan Swift en Los viajes de Gulliver: no sólo
podemos ser grandes, también pequeños, nuestros actos y nuestro
mundo pueden ser a la vez trascendentales o nimios según desde qué
perspectiva se miren. Ésa quizá sea la conclusión: como seres
conscientes, tenemos que soportar a la vez nuestra absoluta
importancia y nuestra absoluta levedad.
P:
¿Por qué no aparece la palabra esfera dentro del cuerpo del
texto y sí en el título? ¿Es por esa sentencia borgesiana de que
en toda adivinanza hay que omitir la respuesta?
R:
No estaba pensando en Borges cuando le puse nombre al cuento.
He sentido siempre predilección por esos títulos que te dicen
una cosa antes de la lectura del texto, y otra después de haberlo
leído. Sin conocer el relato, un título así puede significar
cualquier cosa, sugiere, despista, queda abierto. Una vez leído
el relato, si vuelves a reparar en el título te das cuenta de que
no sólo un ojo o una perla podrían contener un universo, sino
cualquier otra cosa más grande o más pequeña. Generalizo a
"esferas" porque son símbolo de la perfección, de los
planetas, y porque nuestro mundo –natural y artificial– está
lleno de ellas.
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