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AÑO VII / Número 0069 / Octubre 2006

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AVIADORES

"Los géneros están para degenerarlos: 
esta ambición literaria es legítima
"

 

Autor: Fernando Iwasaki

Entrevista realizada por David González T.

 
 

Fernando Iwasaki

Foto:fernandoiwasaki.com

 
Fernando Iwasaki nació en Lima en 1961. Desde 1989 reside en Sevilla. Es director de la revista literaria Renacimiento y director de la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco. Sus libros pivotan entre las memorias, el ensayo y la creación literaria. Es Premio Copé de Narrativa (Lima, 1998); Conference on Latin American History Grant Award (New York, 1996); Premio Fundación del Fútbol Profesional (Madrid, 1994) y Premio de Ensayo «Alberto Ulloa» (Lima, 1987).

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Fuente: Entrevista cedida por Cursos de Verano de la UCM 2006
Es el escritor Fernando Iwasaki (Lima, 1961) quien reúne [en torno a sí] a toda una generación de literatos herederos del boom latinoamericano. Benavides (Perú), Volpi (México), Fuguet (Chile), Guédez (Venezuela), Neuman (Argentina), Paz Soldán (Cuba)... y el propio Iwasaki comparten la multiculturalidad como idiosincrasia; dan su visión literaria sobre los otrora sus maestros y, en algunos casos, amigos -Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar o Guillermo Cabrera Infante. 

PREGUNTA: ¿Para su generación, los escritores del boom representan un lastre? 

RESPUESTA: Los escritores que ahora tienen 60 ó 70 años fueron los autores latinoamericanos que se sintieron oprimidos por la gran magnitud del boom; nosotros, no. Sin ellos no existiríamos. Yo no existiría como escritor, sino hubiera leído a Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez a Guillermo Cabrera Infante, etc. Nuestra gratitud hacia ellos es inmensa. [Los hijos del boom] somos una generación intermedia. 

Yo tenía 15 años cuando en el colegio leí Los Cachorros, de Vargas Llosa. Tenía 16 años cuando leí Cronopios y Famas, de Julio Cortázar. Es decir, nos formamos como lectores, leyendo a los grandes escritores del boom. Pero no sólo nosotros, los latinoamericanos. 

En España, cuando Antonio Muñoz Molina tenía 18 años, cuando Almudena Grandes tenía 17 o Luis Landero tenía 20, probablemente leían a Cortázar, a Vargas Llosa, y quizás no tanto a Ignacio Aldecoa o Francisco Umbral, autores que ahora reivindican. A nuestros contemporáneos españoles les llamaban la atención los narradores latinoamericanos. 

Los autores del boom, por tanto, no son, en absoluto, un lastre o un muro: y mucho menos una lápida. 

PREGUNTA: Sergio Pitol considera a Samuel Below, Thomas Bernhard o Roberto Bolaño ya como clásicos contemporáneos. ¿Comparte esa opinión? 

RESPUESTA: Yo le tenía un gran cariño y admiración a Roberto. Pero todo es tan reciente… Yo creo que novelas como Los detectives salvajes o 2666 le darán el espaldarazo. Pero creo que los clásicos ganan con la distancia. Por ejemplo, durante los 70 disfrutamos de los libros de Stefan Zweig, que luego cayó en el olvido, hasta que se han publicado reediciones de su obra. Para mí, Zweig también podía ser uno de estos clásicos que con la distancia ha ganado. Y Jorge Luis Borges: su figura se agiganta cada vez más con los años. Ahora nadie pone en tela de juicio que, después de Cervantes, el gran clásico en lengua española es Borges

P: ¿Qué autores de tu generación consideras hijos del boom

R: Cronológicamente, todos podríamos serlo. La contraseña generacional y biológica es importante, pero en el caso concreto de este curso, los autores que dan las ponencias -Jorge Eduardo Benavides, Andrés Neuman, Jorge Volpi, Alberto Fuguet, Ignacio Padilla, Juan Carlos Méndez Guédez…narramos las relaciones personales que tenemos o hemos tenido con determinadas figuras del boom. Por ejemplo, Fuget formó parte de los talleres de escritura dirigidos por José Donoso en Chile. Volpi tiene una relación personal privilegiada con Carlos Fuentes y su obra. También Santiago Gamboa con García Márquez. Yo, en lugar de hablar de Vargas Llosa, hablaré de Cabrera Infante y lo que representó para mí como escritor y amigo. 

P: ¿Y usted, como novelista y cuentista, sobre qué escribe

R: A mí me interesa más el tono que el tema. Todos los temas que he elegido en mi obra -dolor, amor, horror, erotismo- se tratan desde el humor, un aspecto del que me interesa explorar todas sus posibilidades literarias. Es verdad que en la tradición literaria latinoamericana ha habido escritores con un maravilloso sentido del humor -Cabrera Infante, en Cuba; Jorge Ibargüengoitia, en México; Cortazar, en Argentina pero también los tenemos en España. Yo me he empapado de las obras de Julio Camba, de Wenceslao Fernández Florez o de Enrique Javier Poncela, a quienes considero maestros del humor. 

P: Sus últimos libros Helarte de amar (erotismo) o Ajuar Funerario (terror) juegan bastante con los géneros… 

R: Sí. Pienso que los géneros están para degenerarlos. Es muy estimulante romper las fronteras entre el ensayo, la ficción, las memorias o la crónica. Para cualquier escritor, esta ambición literaria es legítima. 

P: ¿Es cierto que tardó casi cinco años en escribir Ajuar Funerario

R: Sí, porque es un libro de microrrelatos de terror. Historias de ocho líneas. Y un libro así no puedes sentarte y escribirlo de un tirón. 

P: Será por eso que Jorge Benavides dice que es más complicado escribir un libro de relatos que una novela... 

R: Muchas personas desean hacer sus primeras armas literarias con un libro de relatos; pero el relato no es un género fácil: cada historia debe ser muy redonda, muy perfecta. El relato no admite fisuras. Una novela puede tener altibajos; por momentos, puede que se pierda en una dirección…El relato, no: debe ser rotundo. Ya Cortázar decía que la novela era un combate de boxeo que se ganaba por puntos, mientras que el cuento hay que ganarlo por noqueo. Yo digo (risas) que ambos géneros son como la comida: la novela, una vez abierta, aguanta bien en la nevera; el relato hay que consumirlo de inmediato

P: ¿Qué escribe ahora Iwasaki? 

R: Me gustaría empezar una novela de corrupción política en clave de humor. Cuando contemplas los sucesos de Marbella, por ejemplo, y ves el baño de la casa del cerebro de la trama inmobiliaria, te invade la indignación, pero también la ternura. Si esto no fuera tan terrible, sería cómico.

 
 

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