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ISSN 1698 - 4463
Año IX - Nº 91 Septiembre 2008
Proyecto de David González T.
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Entrevista realizada por David González T.
PREGUNTA: De tu libro, Relatos posindustriales, sorprende primero el título, un título poco comercial y áspero… Otros autores prefieren títulos más poéticos o más escorados al reclamo comercial… ¿Por qué has elegido ese nombre para tu primera colección de cuentos?
RESPUESTA: Nunca me han gustado los libros de relatos que titulan la obra completa del mismo modo que una de las historias. Me condiciona a la hora de la lectura y, en muchas ocasiones, no responde al contenido. Por eso, me gustó siempre -y lo considero mi libro de relatos de cabecera- el de Nueve cuentos, de J. D. Salinger. Además de su valor literario, el título me cautiva, quizás por su sencillez. Y conste que Salinger titula como nadie. Ese libro comienza con Un día perfecto para el pez plátano, maravilloso título para esa historia, pero que no diría nada del resto. En mi caso, creo que era el título más honesto que podía darle, el que mejor explicaba al lector lo que podría encontrarse al abrir el libro. Nunca pensé en los aspectos comerciales, en el gancho del título, sino en responder a lo que había en su interior.
PREGUNTA: Relatos posindustriales se estructura en cuatro partes: La pesadilla americana; Uno más uno; Ellas; y Mañana será el mismo día. De la primera parte, La pesadilla americana, nos cedes Lo estaré esperando. Bien, en este relato, junto al resto de quinteto de esta primera parte, avanza una voz narrativa que cuenta desde la nostalgia: es la historia de un guionista que sigue intentando triunfar. Es como si el bloque de La pesadilla americana relatara biografías melancólicas de mitos que han dejado de serlo y de protagonistas que desean ser mitos, pero no lo logran… Hablo, por ejemplo, de ese pianista que se convierte en crupier o un cantante que prefiere ser camarero…
RESPUESTA: Sí, la primera parte del libro es un homenaje a la literatura norteamericana, al cine negro, a las sombras de Hollywood, a todo un imaginario que siempre ha ejercido mucha influencia sobre mí. La cultura estadounidense como símbolo de una sociedad en la que hay una obsesión, el éxito, que no siempre se ve convertida en realidad. Eso genera desazón y una percepción de derrota que es evocada desde la melancolía, desde la sensación de que todo tiempo pasado fue mejor.
P: Desde el punto de vista de la estructura, en Lo estaré esperando se asoma, como en la mayoría de tus relatos, un narrador que conversa con otro narrador-testigo… (pero hace unos días me lo contó un guionista en este mismo bar, en primera línea de carretera). También tú, como escritor, te entrometes en algunas de las historias, incluso dando tu nombre como un protagonista más del relato y sin ningún tipo de tapujos. ¿Crees que este tipo de narradores y esta ruptura de fronteras entre escritor/narrador/protagonista le da más verosimilitud a los argumentos?
R: Desde el principio, pensé en el libro como esas historias que un desconocido le cuenta a otro en la sala de espera de un hospital o en la barra de un bar demasiado vacío. Esto me invitaba a crear unos diálogos artificiosos que podían establecer una excesiva distancia con el lector. Por eso, he jugado con la figura de un escritor que está allí anotando lo que ese extraño dice, alguien que nos cuenta lo que está sucediendo pero que, además, no es un mero apuntador, sino que se convierte en protagonista de las historias, porque los propios sucesos se reflejan en él, cambiando su actitud, modificando su vida.
P: Durante casi todos los relatos de tu libro aparece esa voz nostálgica. Es como si tratases de reflejar en estampas –a veces ficticias; otras cotidianas- uno de los grandes males de esta sociedad contemporánea: la frustración. Son voces en las que se siente la nostalgia de lo perdido, pero también de lo que nunca sucederá. Es un sentimiento que se traslada desde el deseo de triunfo (los relatos de la primera parte, La pesadilla americana) a lo sentimental (los cuentos de Uno más uno, segunda parte) y de ahí a lo individual y laboral (las otras dos últimas partes del libro)…
R: Sí, hace unos años escribí tres novelas que titulé genéricamente así: Trilogía del desencanto. No fueron más allá de mi escritorio, pero supusieron un auténtico aprendizaje personal y, verdaderamente, la raíz de este libro de relatos y de otros trabajos. Existe la sensación de que tenemos todo a nuestro alcance: los medios, la formación, las oportunidades; pero son tan altas las expectativas que luego devienen en esa frustración de la que hablas, en un desencanto que afecta a todas las parcelas de nuestra vida.
P: En Relatos posindustriales, tú has renunciado a la estructura aristotélica de planteamiento, nudo y desenlace. Y has perfilado una colección de relatos-biografía de personajes que tienen en común no sólo la insatisfacción, sino también la derrota. ¿Es el pesimismo el eje de unidad de tu libro?
R: En una reseña del libro para una página web, se equivocaron y lo titularon Retratos posindustriales. Les avisé para que lo modificaran, pero luego pensé que no iban tan desencaminados. Son retratos de personas, retazos de vidas, radiografías –como dijo Mariano Arias en la presentación del Premio Asturias Joven- y cuyo punto en común es ese pesimismo que dices, no porque ellos lo sean, sino porque el entorno les invita a serlo o, más bien, les obliga a afrontar su vida con pesimismo. También, en algunos casos, he intentado dejar un pequeño hueco a la esperanza a través de la ironía, el alivio cómico que nos da un poco de aire y nos permite seguir adelante tanto a mí como a los lectores.
P: De tu prosa se desprende que existen claras influencias de la narrativa norteamericana. Resuena el derrotismo de Raymond Carver, pero en ciertos momentos también el estoicismo de las novelas y cuentos de Scott Fitzgerald…
R: Amo a Fitzgerald. Quizá no esté a la altura de otros autores norteamericanos contemporáneos suyos de la primera mitad del siglo XX, pero puedo leer una y otra vez sus novelas y relatos. Curiosamente, donde menos me cautiva es en El gran Gatsby; pero en todas sus obras, a pesar de que haya irregularidades, existen hallazgos inolvidables. Carver también es una referencia ineludible en el relato corto, aunque a quienes releo con mayor placer son a John Cheever y a Salinger. Es curioso, el nombre de la mayoría de mis autores de referencia terminan del mismo modo (Salinger, Cheever, Carver, Chandler, Faulkner, Auster). La desinencia de la excelencia narrativa. No me había fijado hasta ahora.
P: Tu libro ha tenido bastante aceptación … Ha sido el segundo título más vendido en el IX Salón del Libro Iberoamericano de Gijón, tras La vocación suspendida, poemario de la autora colombiana Lauren Mendinueta… Resulta curioso como poesía y cuento salen, a veces, triunfadores en ciertos circuitos, frente a la omnipresencia de la novela…
R: Ha sido sorprendente. El éxito en el Salón del Libro Iberoamericano, la firma en la Feria del Libro de Madrid… creo que ha sido muy importante venir avalado por un premio que han cosechado anteriormente autores que hoy cuentan con un gran prestigio en la literatura nacional, como Ricardo Menéndez Salmón o Ignacio del Valle. En cuanto al género del relato, creo que no existe casa de cultura en España que no organice un concurso de microrrelatos, cuentos o poemas. Esto hace que la gente se anime a escribir y leer y genera un interés que antes no existía. Además, han aparecido librerías especializadas en el género y algunos escritores más conocidos por el gran público colaboran con relatos en periódicos, revistas o antologías. Pero creo que nunca se podrá llegar a las cifras de ventas de la novela por una cuestión muy simple: leer implica para mucha gente un esfuerzo notable. Le dedican algún rato libre cada cierto tiempo y entrar una y otra vez en una historia diferente no es tan cómodo como empezar una novela y retomarla de vez en cuando, sabiendo ya de qué va la historia. No olvidemos que muchos de nuestros lectores, mientras pasan las páginas de nuestros libros, piensan en la bronca que han tenido con el jefe esa mañana, en la ropa que está en la lavadora o en cómo conquistar a la chica de la primera fila de la clase. Necesitan algo masticado y la mayoría de las novelas que están en las mesas de novedades de las librerías se lo ofrecen.
P: ¿Cuándo veremos terminada la novela en la que estás trabajando? ¿O aún le estás dando tiempo? ¿Nos puedes adelantar algo: el título, el tema?
R: Tengo terminada una novela desde hace un par de meses. Estaba trabajando en otra en la que llevo dos años -y ya tengo muy avanzada- y se me cruzó una historia que tuve que ponerme a escribir. Me pedía una inmediatez que he intentado reflejar en el libro Trata sobre el periodismo, sobre la situación laboral de los jóvenes y es, además, mi humilde homenaje a Madrid. El Madrid de Malasaña, Chamberí y Argüelles. El Madrid que me acogió hace ya ocho años y del que, aunque sigo viviendo aquí, ya he empezado a despedirme. Noto que mi tiempo aquí se ha acabado y que necesito que nos distanciemos para valorar todo lo que ha significado para mi vida. La novela está terminada y ahora empieza lo más complicado. Para mí escribir es algo natural, me reconozco sentado delante del ordenador, pero no tanto frente a un editor o enviando mis palabras a las “almas grises” de los jurados de premios. Mientras tanto, como contrapeso, he retomado la historia en la que trabajaba antes de que la novela sobre el periodismo se cruzara en mi camino. Es una obra más compleja, con una estructura de muñecas rusas y varios narradores. Uno de esos viajes en los que no sabemos si vamos a llegar a puerto, pero que cada nuevo día nos aportan un placer inolvidable.
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David Barreiro es el autor del libro de cuentos Relatos posindustriales, Premio Asturias Joven de Narrativa 2007.
Lee Lo estaré esperando, relato cedido a Aviondepapel.com