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ISSN 1698 - 4463
Año IX - Nº 91 Septiembre 2008
Proyecto de David González T.
El cine de Hollywood ha creado en la conciencia colectiva la impresión de que al otro lado del charco los sueños no son un proyecto vital sino un camino que se recorre a noventa millas por hora en un Cadillac del 57 con destino al Pacífico.
Existe la sensación de que en Los Ángeles las aceras hospedan la mullida aura de la alfombra roja y que a ambos lados de Mulholland Drive y Sunset Boulevard crecen por igual cocoteros y chalés con piscina.
Pero no es así, el trampolín a la fama se ha quebrado hace tanto tiempo que los soñadores de antaño aparcan coches frente a los platós de la Universal como los personajes secundarios de las novelas que nunca escribieron.
Ya se lo había leído a Raymond Carver, a Don DeLillo y, últimamente, a David Foster Wallace, pero hace unos días me lo contó un guionista en este mismo bar en primera línea de carretera, a las afueras de Chicago.
- Creí que triunfaría, amigo, pero aquí estoy otra vez buscando el sentido de la vida en el poso de un café solo. Aún no sé lo que falló. Lo tenía todo: talento narrativo, originalidad en los diálogos y una zurda envidiable. Pero aquello no es lo que era. Ya no eres nadie si no escribes una historia con anfibios. Hoy en día, para los grandes estudios lo único que pueden dejar quieto los personajes son sus labios.
- ¿Y Woody Allen? - le pregunté.
- ¿Ése? Bueno, ya lo has visto, se ha quedado en Nueva York y allí todo es diferente. Ya sabes, para un tipo de Manhattan, California es un parque temático donde el único que llega alto es el ascensorista. Habrás visto que las historias de Allen han perdido densidad, pero aun así resultan heréticas en la Costa Oeste, hasta el punto de que para muchos productores un guión suyo es como leer un prospecto.
Ambos sabíamos que no seríamos capaces de arreglar el mundo acodados en esta barra, pero él al menos intentó reparar su vida:
- ¿Sabes qué te digo? Puede que regrese, a pesar de todo. Me quedaré aquí el invierno: cogeré frío, pasearé por el lago, buscaré un trabajo fordista. Pero volveré a intentarlo con el deshielo. Quizá el agua de primavera me refresque las ideas.
Terminó la frase, apuró el café y nos despedimos, sabiendo que dentro de unos años volverá a entrar por esa puerta portando en una coctelera las cenizas de sus guiones rechazados.
Lo estaré esperando.
[ Lo estaré esperando, incluido en el libro Relatos posindustriales (KRK Ediciones; 2007), de David Barreiro, es un cuento cedido por el autor a Aviondepapel.com ].
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David Barreiro es el autor del libro de cuentos Relatos posindustriales, Premio Asturias Joven de Narrativa 2007.
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