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La escritura es imaginación, pero también es
abandono, deriva, experimentación. O dicho con las palabras de André Bretón (1896-1966), autor francés e inspirador del
Primer Manifiesto Surrealista en 1924:
“No será el miedo a la locura lo que nos obligue a bajar la bandera de la imaginación. Para poder descubrir América, Colón tuvo que iniciar el viaje en compañía de locos. Y ahora podéis ver que aquella locura dio frutos reales y duraderos”.
En este vuelo literario aviondepapel.com te propone sobrevolar las
técnicas literarias del surrealismo, un movimiento que se fundamentan en el poder de la imagen, de los sueños, en la defunción de la lógica,
de la experimentación hacia nuestro lado lúdico e infantil y de
un viraje no exento de cierta locura.
Así, Bretón abogaba por la escritura mecánica, nacida desde el flujo creativo del subconsciente y, por tanto, sin que sea influida por ningún tipo de obstáculo racional o estético.
Bretón, en su Manifiesto, definía el surrealismo como el
“automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento.
Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o
moral”.
Este movimiento, surgido en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, fue, inicialmente, adoptado por escritores, aunque luego se expandió hacia otras ramas artísticas como la pintura, la escultura, la fotografía o el cine.
En uno de sus fragmentos del Manifiesto Surrealista, Bretón explica la
técnica de la escritura automática, una forma de creación ajena a todo comportamiento lógico. Aquí transcribimos los
SECRETOS DEL ARTE MÁGICO DEL SURREALISMO; COMPOSICIÓN SURREALISTA ESCRITA, O PRIMER Y ÚLTIMO
CHORRO, que enunciamos, bajo ciertas licencias de formato, con
estructura de decálogo:
1.
Ordenad que os traigan recado de escribir, después de haberos situado en un lugar que sea lo más propicio posible a la concentración de vuestro espíritu, al repliegue de vuestro espíritu sobre sí mismo.
2. Entrad en el estado más
pasivo, o receptivo, de que seáis capaces.
3. Prescindid de vuestro
genio, de vuestro talento, y del genio y el talento de los demás.
4. Decios hasta empaparos de ello que la literatura es uno de los más tristes caminos
que llevan a todas partes.
5. Escribid deprisa, sin tema preconcebido, escribid lo suficientemente deprisa para no poder refrenaros, y para no tener la tentación de leer lo escrito.
6. La primera frase se os
ocurrirá por sí misma, ya que en cada segundo que pasa hay
una frase, extraña a nuestro pensamiento consciente, que desea
exteriorizarse. Resulta muy difícil pronunciarse con respecto a la frase inmediata siguiente; esta frase participa, sin duda, de nuestra actividad consciente y de la otra, al mismo tiempo, si es que reconocemos que el hecho de haber escrito la primera produce un mínimo de percepción. Pero eso, poco ha de importaros; ahí es donde radica, en su mayor parte, el interés del juego surrealista.
7. No cabe la menor duda de que
la puntuación siempre se opone a la continuidad absoluta del fluir de que estamos hablando, pese a que parece tan necesaria como la distribución de los nudos en una cuerda vibrante.
8. Seguid escribiendo cuanto queráis. Confiad en la naturaleza inagotable del murmullo.
9. Si el silencio amenaza, debido a que habéis cometido una falta, falta que podemos llamar «falta de inatención», interrumpid sin la menor vacilación la frase demasiado clara.
10. A continuación de la palabra que os parezca de origen sospechoso poned una letra cualquiera, la letra l, por ejemplo, siempre la primera, y al imponer esta inicial a la palabra siguiente conseguiréis que de nuevo vuelva a imperar la arbitrariedad.
Nota:
Decía Bretón que:
"Swift es surrealista en la maldad.
Sade es surrealista en el sadismo.
Chateaubriand es surrealista en el exotismo.
Constant es surrealista en política.
Hugo es surrealista cuando no es tonto.
Desbordes-Valmore es surrealista en el amor.
Bertrand es surrealista en el pasado.
Rabbe es surrealista en la muerte.
Poe es surrealista en la aventura.
Baudelaire es surrealista en la moral.
Rimbaud es surrealista en la vida práctica y en todo.
Mallarmé es surrealista en la confidencia.
Jarry es surrealista en la absenta.
Nouveau es surrealista en el beso.
Saínt-Pol-Roux es surrealista en los símbolos.
Fargue es surrealista en la atmósfera.
Vaché es surrealista en mí.
Reverdy es surrealista en sí.
Saint-John Perse es surrealista a distancia.
Roussel es surrealista en la anécdota".
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