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Un objeto, cualquier objeto, puede ser la excusa perfecta para trazar un
argumento. Sólo hace falta recordar la anécdota protagonizada por el escritor Antón Chejov. Un admirador le preguntó cómo conseguía material para sus relatos. Chejov buscó por la habitación y encontró un cenicero. Luego, le dijo a su interlocutor que, si volvía mañana, tendría un cuento sobre ese cenicero.
Esta anécdota puede servirnos para enunciar la importancia de una argucia literaria que permite
sintetizar el argumento de un relato para conseguir con ello la máxima intensidad: se trata de la
sinécdoque
narrativa.
Este
recurso tiene su origen en el recurso retórico de la sinécdoque; es decir, en el hecho de nombrar la
parte por el
todo,
como podemos ver en estos ejemplos:
El tiempo
[de vida] que nos queda.
Ha sido la vela [embarcación] ganadora.
Desde ahí, este procedimiento de estilo puede convertirse en un técnica de composición denominada sinécdoque narrativa:
surge cuando se utiliza una sola idea —un objeto, por ejemplo— como eje del argumento para evocar lo que el escritor realmente relata.
Si escribir es decir y silenciar, si narrar es contar y ocultar, la sinécdoque narrativa cumple esta última función con eficacia; posibilita que el lector vea (o imagine) un lugar, un personaje, un acontecimiento, un tiempo, mediante un único detalle, el más significativo de ese todo.
“En casa de Jacinto hay un sillón para morirse. Cuando la gente se pone vieja, un día la invitan a sentarse en el sillón como todos, pero con una estrellita plateada en el centro del respaldo. (...)”.
Este fragmento de
"Propiedades de un sillón" puede mostrar cómo su autor,
Julio Cortázar, toma como excusa un peculiar mueble para centrar la acción de su relato y con él contar la historia que subyace detrás: la muerte es un suceso cotidiano que convive con la vejez.
La metáfora y la
metonimia relacionan dos objetos independientes en el que uno suplanta a otro (sustituye por semejanza o por cercanía de significado, respectivamente). En cambio,
en la sinécdoque el nexo de unión es un fragmento que forma parte de un
conjunto.
Para que exista sinécdoque narrativa, el detalle elegido por el escritor debe formar parte de la esencia total del cuento.
No sólo se trata incluir
una simple excusa creativa para minimizar y luego expandir la historia, sino que el objeto central debe tener la suficiente carga simbólica, la suficiente intencionalidad, para que sostenga la idea esencial.
La solución más idónea es utilizar un objeto que sirva de eje argumental de la historia que subyace detrás.
Sin embargo,
también se pueden tomar como excusas otras partes de un todo. Así, se dan
sinécdoques narrativas de:
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personaje (las manos),
-
de espacio (una puerta, en lugar de una casa),
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de suceso (una anécdota en vez de numerosos acontecimientos)
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o de tiempo (un día, para resumir toda una vida).
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