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Un
buen comienzo de un relato es el que define en pocos párrafos el
género, el personaje, el tiempo y el espacio de la narración y el
tono de la historia.
Normalmente,
los cuentos breves suelen apostar por un principio intenso que
enganche al lector. El truco está en aportar una escena donde el
protagonista se enfrente a un conflicto o a una situación insólita.
Raymond
Carver decía que un buen comienzo era aquel que anunciaba
una amenaza, como el inicio de su relato Visor: “Un
hombre sin manos llamó a mi puerta para venderme una fotografía
de mi casa”.
Estos
primeros párrafos no suelen salir de la mano del escritor en los
primeros borradores, sino que se forjan con posterioridad a la
conclusión del relato.
Recuerda
que los sueños, ensimismamientos, las retrospecciones o las
alusiones meteorológicas frenan los comienzos de las historias,
con lo que el lector pierde interés, porque la narración se
vuelve estática, insoportable.
El
relato clásico funciona bajo la estructura de principio (planteamiento),
conflicto (nudo) y final (desenlace). Por tanto, encara la
historia, el personaje, la acción, la trama y su resolución.
Sobre este último aspecto, ten en cuenta que nunca debes concluir
una historia con finales sorpresa, tipo "y entonces se dio
cuenta de que todo fue un sueño".
Esta
conclusión de abracadabra es lo que se denomina deus
ex machina. Se trata de una intervención providencial que
llega desde fuera sin anuncio previo; es decir, sin un goteo
anterior de la información y no dan un final verosímil para tus
relatos.
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