|
Estas
son las tres unidades clave de un cuento breve: ha de ocurrirle al
personaje un suceso insólito que se expanda (acción)
durante un tiempo determinado
y en algún lugar
especial.
Los
cuentistas saben que el argumento de cualquier historia de ficción
no se forja en una anécdota,
sino que dicha anécdota explota en una serie de acciones por
parte del protagonista. La lectura avanza y el protagonista va
desde una circunstancia inicial hasta la resolución de un conflicto
(planteamiento, nudo y desenlace).
Esta
serie de acciones son la cadena de sucesos, en orden temporal, que
despiertan la atención del lector. Entramos, por tanto, en la
segunda unidad básica del relato: el
tiempo.
Según
muchos autores, los relatos cortos deben condensar en pocas líneas
palabras e imágenes que provoquen la ilusión en el lector del
paso del tiempo. ¿Cuándo sucede la historia?¿Por qué está
contada en pasado y no en presente? ¿Por qué se mezcla pasado,
presente y futuro?
Normalmente,
los cuentos breves se ubican en mínimas
unidades de tiempo -días, semanas o meses-, unidades
que podrían ir creciendo según aumente la extensión de los
textos literarios.
El
tiempo no sólo trata de remarcar cronológicamente la trama, sino
que, además, convive con los denominados tiempos colaterales. En
las ficciones, los personajes tienen sentimientos, se paran en
ensoñaciones que muestran su pasado al lector (antecedentes),
sienten y se imaginan un porvenir (deseos
y predicciones). Pero todo ello, ocurre en algún lugar físico,
que crea una atmósfera. Nos deslizamos hacia la tercera unidad
del cuento.
Aquí,
la historia debe indicar dónde se están produciendo los hechos
de nuestras ficciones: en una playa, en un castillo, en una
cafetería... Pero ese escenario debe
estar dotado de singularidad para que el lector entre
en él de la mano de las sensaciones que le causa al personaje: ¿Qué
evocaciones le trae ese armario?
¿Qué olor desprende esa calle?
Hay
que recordar que los lugares no sólo captan nuestra atención por
ser sitios desconocidos (o conocidos vistos desde otra
perspectiva), sino que cualquier
escenario genera en nosotros
sentimientos. Y un lugar asociado a ciertas emociones
(alegría, tristeza, melancolía...) se convierte entonces en un
lugar simbólico.
Decía
Bioy Casares que, cuando se ajustan la acción, el tiempo y el
lugar, estas unidades dan al cuento breve comprensión, tensión e
intensidad.
Conviene,
por consiguiente, que la historia transcurra en el menor tiempo
posible; conviene evitar que los cambios de lugar provoquen pérdida
de fuerza en la trama, porque la acción central del personaje, en
esos casos, se dispersa.
|